Comenzar una relación sentimental estable y sana es bastante más complicado de lo que nos gustaría a todos. Suele pasar que llevamos un tiempo con una persona, vamos quedando, mantenemos relaciones sexuales y parece que todo va bien… hasta que mencionamos la palabra ‘pareja’; entonces todo se va al garete y la otra persona se pone más nerviosa que Spiderman en un descampado.

Es entonces cuando la cosa se puede empezar a ir a pique: sientes que eres una carga emocional para la otra persona, te emparanoias con que la estás agobiando y, empujado por las inseguridades, empiezas a desarrollar dinámicas que podrían ser tóxicas.

La clave de todo esto es ver si tu pareja se está escudando en el hecho de que NO sois pareja para ser una persona emocionalmente irresponsable… es ahí cuando se cae en lo que se denomina una no-relación.

¿Cómo detectar si estamos en una no-relación?

Cada quien tiene una percepción diferente de lo que es una relación y eso es absolutamente normal. Hasta ahí, todo bien. Pero ahora veamos cuatro elementos que pueden ayudarnos a ver si la relación se ha tornado una no-relación:

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Falta de comunicación: quieres hablar de la relación, de hacia dónde va y hacia dónde quieres llegar… pero tu ligue lo evita a toda costa.

Miedo al compromiso: tu quieres tener una relación más serie, pero tu ligue no.

La ambigüedad: puede que tú quieras una relación seria pero tu ligue no se decida, diciendo un día una cosa y, al siguiente, otra. Puede que también lleve una vida que parezca la propia de una persona soltera, y esto puede ser por una carencia de responsabilidad afectiva.

¿Abiertos o cerrados?: tú quieres una relación cerrada pero tu ligue quiere seguir viéndose con más personas.

Estos cuatro puntos pueden darnos indicios de que estamos en una relación no precisamente funcional, con una muy baja o nula responsabilidad afectiva por la otra parte y, por lo tanto, puede que debamos tener una conversación.

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El problema a la hora de salir de una relación de este tipo es que, por lo general, nos agarramos a las ‘cosas buenas’ de la misma para mantener la esperanza de que la otra persona ‘cambiará’… pero eso suele ser poco probable (al menos si no es con terapia de pareja o algo por el estilo).

Lo que sí puede pasar a lo largo de todo este proceso es que tu autoestima se vaya mermando y empieces a sufrir de problemas de ansiedad. Por eso no es una situación que sea sostenible y que debemos atajar cuando antes.

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A vosotros, ¿qué os ha parecido todo esto?

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Fuente: Yasss.