Enamorarse también es asumir que, en un momento determinado, podemos desenamorarnos. Es doloroso y triste, pero los sentimientos en el ser humano son complejos y, en ocasiones, nos ponen en encrucijadas de las que nos es imposible salir con facilidad. Lo mejor, siempre, suele ser afrontar la situación con entereza y honestidad. En caso contrario, pueden pasarte cosas como las que le pasó al protagonista de nuestra historia de hoy.

Cuando se trata solo de dejar la relación, puede que la cosa sea algo más sencilla, pero cuando se trata de un divorcio… la cosa se va complicando. Es un proceso largo y tedioso, pero necesario si se quieren hacer las cosas bien.

Un divorcio que da para película

Lo primero que pasa con un divorcio (al menos en la mayoría de legislaciones), es que ambas partes han de estar de acuerdo a la hora de firmar el acuerdo de separación. Eso fue lo que le pasó al matrimonio formado por Warren y Gina Zent. Ellos se casaron en 1999 y, dos décadas después, presentaron un acuerdo de separación en el que se establecía que la mujer recibiría las prestaciones de supervivencia del Plan de Pensiones de los Ingenieros de Operaciones del que, ahora, sería su exmarido.

Pasaron unos años y este hombre solicitó la anulación del matrimonio por completo, alegando que este no había sido legalmente vinculante y, para ello, ofrecía el testimonio de su exmujer, quien aseguraba haber sido plenamente consciente de ello.

El juez, en un principio, aprobó la petición, pero se quedó con la mosca detrás de la oreja porque algo no le acaba de encajar. Tras una investigación, resultó que Warren no había llevado a su exmujer, Gina, a firma este acuerdo, sino a otra mujer.

Fue Gina la que se enteró de esto y se puso en contacto con los profesionales legales para decirles que ella nunca había hecho esta petición y, mucho menos, había ido a firmar nada ante ningún notario.

Lo que la exmujer «oculta»

El juez rebuscó en los documentos presentados por Warren Zant y empezó a ver que muchas cosas no encajaban en absoluto: había comisarios y notarios falsos y documentación que acreditaba que la supuesta exmujer que firmó los documentos, en realidad, no era más que una actriz.

«No puedo determinar, sobre la base de las pruebas que tengo ante mí, quién compareció realmente en la solicitud representándose a sí misma como Gina Elizabeth Zant. Sin embargo, estoy convencido de que quien asistió por teléfono en esa fecha era una impostora«, señaló el juez respecto a la petición de anulación del matrimonio que, por otro lado, llevaba ya aprobada todo un año.

De momento, no se sabe cómo seguirá esta historia, pero visto lo visto, yo me esperaría cualquier cosa.

A vosotros, ¿qué os ha parecido todo esto?

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Fuente: 20 minutos.