No nos vamos a engañar: todos los que estamos aquí hemos copiado en un examen. Puede que haya sido una sola vez o que fuese algo regular, pero lo cierto es que el intentar garrapiñar información es algo casi instintivo en nuestra especie.

Cuando se trataba de copiar, todo nuestro cuerpo se activaba para ello: el control de los nervios, el tener siempre un ojo puesto en el profesor y, sobre todo, la capacidad de ocultación de aquello que contenía la información que estábamos copiando.

En mi época (soy de la última remesa millennial), lo normal era llevar una notita de papel, algo escrito en las piernas, por encima de las rodillas y por debajo del pantalón corto y, ya más recientemente, algún que otro aparato tecnológico como el teléfono o un smartwatch. Pero hoy veremos un método que, como mínimo, se merece estar expuesto en un museo.

El apasionante e imaginativo mundo de las chuletas

Eso sí, llevases lo que llevases, si te pillaban, estabas jodido. Lo normal era que, si te pillaban, el profesor se quedase con la chuleta para hacer las respectivas comprobaciones. La protagonista de nuestra historia de hoy hizo exactamente eso hace unos años con un alumno y, a día de hoy, sigue conservando la maravilla de la ingeniería que confiscó.

Yolanda de Lucchi (@procesaleando), profesora de la carrera de Derecho en la Universidad de Málaga, compartió lo que ella califica de «una reliquia universitaria» y que confiscó a uno de sus antiguos alumnos hace ya unos años.

La magia de los bolis Bic

Como podréis apreciar en las fotos, la reliquia consiste en unos cuantos bolígrafos Bic que, en su superficie, tienen grabado todo el temario de la asignatura en cuestión. Lo increíble es que está tallado a mano y, a pesar de ser tan pequeño, puede leerse perfectamente.

«¡Qué arte! Las chuletas no son como antes», señala la profesora en su post. el tweet, como ya os podréis imaginar, ha sido todo un éxito y, en este preciso momento, ya acumula casi 250.000 ‘me gusta’ y decenas de miles de compartidos, que se dice pronto.

Pero toda esta historia tendría un nuevo giro cuando el usuario Gonzo intervino para decir que conocía al autor de esa maravillosa obra. De hecho, a pesar de que no revelaría su identidad, sí pudo mostrar otros bolígrafos parecidos que todavía conservaba porque, básicamente, no consiguieron pillarle.

«La técnica utilizada por el artista, según me cuenta él mismo, era la de suplir la mina de grafito de un portaminas por una aguja, lo que le hacía superfácil el escribir en el bolígrafo», señala el usuario.

Esta es otra prueba que nos confirma que, cuando se trata de salirse con la suya, el ser humano es capaz de llevar a cabo las cosas más imaginativas, elaboradas y maravillosas. aunque sean sobre un boli Bic.

A vosotros, ¿qué os ha parecido todo esto?

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Fuente: 20 minutos.