En un lado de la mesa teníamos a David, un ingeniero informático con un pasado ‘oscuro’ ya que, a principios de los años 2000, fue bailarín profesional. Por lo demás, él se mostró encantado al ver a su cita, destacando la belleza y la presencia de la misma y sus ganas de conocerla en profundidad.

Del otro lado de la mesa teníamos a Rosa, una mujer muy activa adicta al deporte, pero que también sabía disfrutar de la tranquilidad y la lectura. Ella, por su parte, había tenido una vida sentimental de lo más ‘movidita’, pero sin demasiada suerte. Aun así, seguía creyendo en que un príncipe azul estaba por llegar a su vida.

Una cena a buen ritmo

Ya en la cena, la cosa empezó a fluir de maravilla. David, que se avergonzaba un poco de su pasado como bailarín, encontró una total empatía por parte de Rosa que, de hecho, se dedica profesionalmente a la que ha sido su afición desde pequeña: el baile flamenco.

Ambos no solo coincidieron en el tema del baile, sino también en las ganas que tenían de viajar por el mundo y, en general, en el estilo de vida que deseaban para sí. Esta cita, a medida que avanzaba, parecía un rotundo éxito… pero eso era porque nadie podía intuir lo que estaba a punto de pasar.

A medida que avanzaba la velada, David no hacía más que caer más y más en las garras de Cupido: estaba absolutamente obnubilado con Rosa. Ella, por su parte, también parecía estar bastante contenta con lo que estaba viendo y escuchando (aunque no tanto como David, eso sí).

Uno de los puntos claves llegó cuando David contó que él era muy aficionado a la cultura oriental y, al saber que Rosa era budista, se quedó con la boca abierta de par en par: “es guapa, inteligente, con saber estar…”; David estaba absolutamente encantado, en definitiva.

Bajar la comida a punta de baile

Entonces empezó a sonar la música en el salón y la cosa se salió de control por completo. David y Rosa se vieron, de repente, metidos en medio de una película musical. Bailaron y gozaron al ritmo de la música, se fueron viniendo arriba y, en un momento determinado a David le salió el John Travolta que lleva dentro y se lanzó a abrirse de piernas… con nefastas consecuencias: se rajó el pantalón de un extremo al otro.

Es cierto que dejó a todo el mundo completamente impresionado con su flexibilidad… pero esta, por lo visto, fue demasiado para el material con el que estaba hecho su pantalón. El soltero, avergonzado, no sabía dónde meterse, pero eso no hizo que dejase de bailar y, de hecho, volvió a repetir un movimiento que no tenía nada que envidiarle a Jean-Claude Van Damme.

Rosa, por su parte, se ha sabido tomar con humor la situación, restándole importancia a lo nervioso que estaba el pobre de David que, como bien evidenciaba su actitud, sentía que había conocido, al fin, a su media naranja. Ambos, finalmente, se dieron una segunda oportunidad en una futura cita.

A vosotros, ¿qué os ha parecido todo esto?

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Fuente: Cuatro.

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