No todo vale en el amor y, uno de los mayores éxitos de la sociedad actual es que, al menos en parte, la gente está tomando mucha conciencia de algunas de las prácticas más tóxicas que se llevan a cabo en este ámbito. Las redes sociales son un buen altavoz para evidenciar estos despropósitos y, precisamente por eso, hoy os venimos a hablar de una «técnica de ligue» muy popular que, sin embargo, es de lo más dañina: el negging.

Lo primero: ¿qué es el negging?

El negging es una práctica que consiste en lanzar comentarios aparentemente positivos, pero que, en realidad, llevan una carga negativa escondida (que puede ser más o menos explícita). Lo mejor es ver unos cuantos ejemplos: «Te ves muy joven para la edad que tienes» o «Me gusta mucho tu vestido, ya se lo he visto a muchas chicas, por lo que debe estar de moda»; en ambos casos apreciamos comentarios que casi podrían calificarse de ‘piropos’, pero que ocultan lo que claramente es una crítica.

Esta es una forma de decir algo aparentemente positivo, pero que a su vez genere una inseguridad en la otra persona que, quizá, no es del todo consciente de cómo la están ‘manipulando’. Pero el daño se está haciendo, poco a poco y a cuentagotas.

La persona que sufre negging, por lo general, empieza, poco a poco, a sentirse mal y puede que no sepa por qué. Se va sintiendo inferior y, por lo tanto, puede caer en un plano más manipulable. La persona que hace negging, por lo contrario, se va colocando en un plano superior de más poder.

Una lógica «simple» y perversa

La lógica de esta técnica es tan simple como perversa: su la otra persona se siente insegura, hará lo posible por gustar y bajará su listón de exigencia porque, en el fondo, siente que «no se merece nada».

«Tienes la tercera sonrisa más bonita que he visto esta noche» o «Pues en realidad pareces una persona muy inteligente» son solo dos ejemplos y, como podéis ver, tienen más o menos una misma estructura como frase: decir algo bonito dejando siempre una ‘pullita’.

Una forma de detectar si una frase es negging o no puede ser si nos surge la siguiente reflexión: «si me ha dicho algo bonito, ¿por qué me siento así?». En esa misma dirección, lo mejor para evitar que caer en este tipo de prácticas (tanto como víctimas como perpetradores), es ser consciente de que esto existe. Así de simple como suena.

Mecanizar el hecho de que, ante un supuesto halago, si nos sentimos incómodos, puede que sea porque este tenga una intención oculta. Sí, se requiere de un proceso de introspección fuerte, pero, con la práctica, todo se consigue.

Y vosotros, ¿os habéis encontrado alguna vez en una situación como esta?

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Fuente: Vanitatis.

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