Cuando se estrenó «Terminator 2: el juicio final» en 1991, Arnold Schwarzenegger ya era una superestrella, por eso todo el mundo se fijó en el actor que, en ese mismo momento, se reveló como una nueva promesa de Hollywood: Edward Furlong, el joven que interpretó de forma magistral al mejor John Connor que hemos visto en la gran pantalla.

El problema es que, al igual que a muchas otras ‘jóvenes estrellas’, Furlong acabó tocando el cielo… para acabar estrellándose pocos años después. ¿El motivo? Una espiral de escándalos, abuso de drogas, consumo de alcohol, detenciones policiales y denuncias por violencia machista; todo el pack completo del ‘juguete roto’.

Su vida antes de ‘Terminator 2’

Furlong vio la luz por primera vez en Glendale (California) el 2 de agosto de 1977. Hijo de una madre soltera de ascendencia mexicana, tuvo una infancia en la que precisamente el dinero no abundaba. Fue a los 13 años cuando un director de casting se fijó en él y, más concretamente, en su mirada ‘desafiante’, muy propia de actores como James Dean. Era perfecto para una película de ciencia ficción que se estaba gestando.

Fue entonces cuando James Cameron decidió incorporarlo a la segunda parte de Terminator, uno de los mayores blockbusters de la historia de Hollywood y darlo así a conocer al resto del mundo en un papel que, como poco, es icónico.

Y fíjate tú que poca responsabilidad tenía Furlong para esa película: tenía que dar vida a un adolescente que estaba destinado a ser el salvador de la humanidad en el futuro. Para ello, contaría con la ayuda de un viejo robot del futuro, el T-800, al que dio vida el bueno de Schwarzenegger. El resto, como suele decirse, es historia.

La cuestión es que, durante el rodaje de la película, Furlong inició una relación romántica con la que, en ese momento, era su tutora, Jacqueline Louise Domac, quien era nada más y nada menos que trece años mayor que él.

La relación entre el actor y Jacqueline no era solo sentimental, sino también profesional, ya que ella era su manager. Estuvieron juntos hasta 1998, cuando lo dejaron y, un año después, ella lo acusó de malos tratos y le reclamó le 15% de las ganancias por sus trabajos en los últimos tres años.





Furlong acabó trabajando como modelo para marcas como Calvin Klein y le llovían las ofertas para trabajar en películas. Puede que su papel más recordado de aquella época sea el de Danny Vinyard en American History X (1998). Por lo visto, tenía una gran facilidad para hacer de adolescente problemático.

Empieza su decadencia

Pero cuando llegaron los 2000, también llegó la decadencia de Eddie, que se vio inmerso en las adicciones a la heroína y la cocaína. Tuvo que entrar a rehabilitación y el hecho de ir encadenando escándalos le impidió participar en la tercera entrega de Terminator, donde fue sustituido por otro actor.

Ahora ya alejado de las grandes producciones, se tenía que conformar con pequeños papeles en películas que, como mucho, eran ‘olvidables’. A nivel personal se casó con Rachael Bella en 2006, con quien tuvo una hija antes de divorciarse en 2009.

Bella también alegó haber sido víctima de malos tratos por parte de Edward, habiendo aportado pruebas como que su hijo había dado positivo en un test de cocaína por culpa del descuido del padre con esas sustancias. Esto, como ya os imaginaréis, fue más que suficiente para que le quitasen la custodia al actor.

Fue detenido por conducir bajo los efectos del alcohol, por pelearse en una frutería y por maltratar a Monica Keena, quien fue su pareja hasta 2012. En 2013 volvieron a detenerlo, pero evitó la prisión al entrar en un centro de rehabilitación. A lo largo de los años se le pudo relacionar con celebridades como Paris Hilton, Natasha Lyonne y Liz Levy. Con todas, como ya os podréis imaginar, acabó bastante mal.

Antes de terminar, recordemos algunas de las escenas de Furlong en ‘Terminator 2’:

A vosotros, ¿qué os ha parecido la historia de este actor? 

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Fuente: Que ver.

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