Magdalena, cubana de 29 años de edad, llegaba al restaurante del amor con mucha energía y con ganas de conocer a alguien para algo esporádico «o una relación abierta». «Me gusta que el hombre se desaparezca que no me llame en un día, dos días… Me gustan las cosas difíciles«, decía entre risas. Y, sobre todo, que fuera simpático.

Zana, marfileño de 30 años, llegaba desde Jerez dejando claro desde el primer momento que le podían llamar ‘caballo de Jerez’. Carlos Sobera no entendía nada y no podía presentarlos antes de saber a qué venía ese apodo, algo que el propio Zana reveló: «Porque tengo como un caballo… Un tío que la tiene más grande que Nacho Vidal es como un caballo«. Además, reveló cuál había sido ‘su secreto’ para conseguirla: «dando un masaje desde chiquitito, a los doce años, tocándote, yo me tocaba desde los doce años hasta ahora».

El sexo como monotema

La conversación fluyó muchísimo entre los dos: Magdalena fue sincera con él y le confesó que no estaba buscando una relación seria, sino a alguien «con quien salir, compartir, verse periódicamente». Esto les llevó a empezar a hablar sobre las relaciones liberales, algo que a Zana le gustaba: «me gusta la gente liberal, moderna y atrevida«, le decía a Magdalena. «Me gusta una persona a la que le guste mucho el sexo como yo», confesaba en una sala aparte. Y lo iba a dejar claro a lo largo y ancho de la cita.

Ella reconoció haber hecho varios tríos con hombres y confesó cuál era su fantasía «Si fuera por mí, mi fantasía sería con 5. Todos dedicados a mí: que toquen, me besen, me hagan de todo… ¡5!». Zana estaba encantado con el tema de conversación y era contundente al explicar cómo era en el sexo: «yo no tengo límite. Si tengo una duda, no me voy a morir con esa duda».

Diferencias en la cama

Siguiendo con el tema de conversación por excelencia de la cita, el marfileño le preguntó a su cita cuánto duraba una relación sexual para ella: «Mínimo 20-30 minutos«, respondía ella, algo que sorprendió al joven. «Ahí no está empezado», le soltaba. «Para mí, el sexo mínimo 2 horas (…) la penetración es el postre», expresaba Zana en una sala aparte.

Él no dudó en detallarle el proceso a Magdalena, afirmando que «se deja quita para que se caliente el tigre y luego ya», y ella lo interpretó todo como «una fantasmada«. La conclusión fue que no encajaban del todo en el sexo: «Es una persona muy atractiva, simpática... el problema es que es muy fogoso y habla mucho de sexo, y eso me agobia demasiado», decía Magdalena.

En el reservado, Magdalena no quiso darle un morreo a Zana y opto por un pico, pero sí perrearon al ritmo de la música con mucho feeling… ¿Cambiaría eso su opinión a lo largo de la cita?





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Fuente: cuatro

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