Eileen, una quiromasajista dominicana de 41 años de edad, se definía como «muy brava para todo». Reconocía ser exigente después de las experiencias vividas y buscaba un hombre «que le hiciera vibrar» y no soportaba que la «tuviera pequeña». «A partir de 20», le decía a Carlos Sobera. «Tengo que ser tajante. No voy a decir como es cariñoso, amable, inteligente, educado, me conformo con que la tenga así… quiero disfrutar lo que me queda de años, y a mí me gusta que la tenga grande«.

Su cita era David, un osteópata y acupuntor de 46 años de edad que aseguraba que era «muy fácil encontrar parejas para tener relaciones», mientras que era «difícil encontrar el amor, pero no imposible». Desde el principio, la cosa no cuajó entre ellos. A Eileen no le gustó que David fuera calvo, y él aseguró que no era su tipo. «Me gustan las chicas más delgadas, esbeltas, fitness«, decía. Aun así, los dos accedieron a cenar y conocerse más allá de las apariencias.

Pocos puntos en común

Otra cosa que echó para atrás a David fue que Eileen tuviera dos hijos: «mantener una relación con esa persona y además con sus hijos lo complica todo mucho más. No es una cuestión de egoísmo, sino de equidad«, decía en una sala aparte.

Coincidieron en que les gustaba el deporte, pero Eileen se había tomado un tiempo debido a un desgaste en las rodillas y había aumentado de peso. «Este no es mi peso, tengo 3-4 kg menos siempre», dijo señalándose el escote, algo en lo que él se fijó. «Unos pechos grandes, siempre que no estén mirando hacia abajo, sino ligeramente caídos hacia arriba, son bonitos«.

«Hay que probar»

También hubo hueco para hablar de su vida íntima: él confesó haber tenido experiencias con personas de su mismo sexo para saber «cómo reaccionaban sus hormonas»: «soy heterosexual porque lo he comprobado». Sin embargo, la quiromasajista dudaba de su orientación sexual: «De entrada, a mí me parece gay. Me parece que le gustan más los chicos que las chicas».

Ella aseguraba que nunca lo había probado y «tenía ese gusanillo», pero estaba segura que le gustaban los hombres. «Estar segura no es estar seguro. Hay que probar», le animaba él. «Yo creo que a lo mejor ha venido a First Dates a ver si no le gustan las chicas, que no es malo. Valiente él, yo nunca me he lanzado a si me gusta una chica o no«.





El ‘ojo’ de Eileen

Después de comer, a pesar de no acabar de congeniar, fueron al reservado para seguir la conversación: él le preguntó por varios filósofos, pero ella no los había leído… y decidieron bailar un poco de salsa, algo que era indicativo de «cómo se f****» según David

Algo hubo en la conversación que Eileen llegó a la conclusión de que «la tenía pequeña»: «También me ha dado la impresión, que para eso tengo un ojo super clínico, que la tiene pequeña. No es que me obsesione con el tamaño, perdonadme». Cuando él le preguntaba si el tamaño importaba, ella respondía contundentemente que sí. «La prefiero manganzona y yo la enseño a jugar», confesaba.

Llegó el momento de la decisión final: David le preguntó cómo había ido la cita, y al escuchar su respuesta no dudó en decirle que la notaba decepcionada. Ella le soltó que creía que le gustaban más los chicos, algo a lo que él reaccionó con un: «¿te he parecido poco hombre?». Pero la cosa no quedó ahí…

No os podéis perder cómo acabó todo:

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Fuente: cuatro

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