La historia de Amy es la de muchas mujeres que, cada día, ven como hombres que eran aparentemente ‘normales’ intentan abusar de ellas por el simple hecho de ser eso, mujeres. Ella decidió contar su historia para, por un lado, recibir consejo de la gente sobre lo que tenía que hacer y, por el otro, advertir a posibles víctimas de este ser.

Su pesadilla comenzó cuando ella decidió hacerle un arreglo a la casa. Un conocido le pasó el contacto de un señor del que le dio muy buenas referencias y, al ver que el presupuesto se ajustaba a lo que buscaba, no dudó en llamarlo y contratarlo para empezar el trabajo. Según contó la propia Amy, el hombre era «lo suficientemente mayor para ser su padre» y, por lo demás, no tuvo ningún motivo para sospechar de que podría tramar algo. Evidentemente, se equivocaba.

El principio de la pesadilla

Los primeros tres días de obras, según cuenta ella, no tuvo motivos para sospechar de nada… pero todo cambió cuando llegó la cuarta jornada. El hombre no se presentó, ni dio ningún tipo de aviso ni nada: simplemente, desapareció.

Ella, extrañada, le escribió para pedirle explicaciones; lo que habríamos hecho cualquiera de nosotros en una situación similar, en definitiva. Y ahí fue cuando todo se torció de una forma absolutamente espeluznante.

«Buenos días solo me preguntaba si todo estaba bien porque no tuve noticias tuyas», le escribió ella, añadiendo, «¿Sabes cuándo volverás?». Lo que ella no se esperaba era la respuesta que le dio el albañil: «No, no voy a volver». Y, a continuación, escribió: «Si lo hago voy a querer llevarte a la cama». Y añadía: «Por eso no voy a volver porque quiero hacerte cosas malas»; Ella no podía creerse lo que estaba leyendo.

Un acosador disfrazado de albañil

Amy estaba tan confusa y asustada, que decidió compartir este mensaje en un grupo de mujeres en Facebook para que la aconsejasen y, de paso, advertir a cualquier posible víctima: «Contraté a un albañil que me habían recomendado distintos conocidos. Vino a trabajar a mi casa durante tres días y después simplemente desapareció. No me avisó, no me llamó, ni me mandó mensajes de texto. Nada».

Explicó también que, al reclamarle, recibió los mensajes que ahora compartía en forma de capturas de pantalla. Además, la conversación seguía con el hombre diciéndole que, si aceptaba su propuesta, no tendría que pagarle: «No se preocupe por el dinero, no se preocupe por eso».





«Estaba tan conmocionada que no respondí», detalló Amy en el grupo de mujeres antes de pedirles consejo: «¿Alguna sugerencia, señoras?». En este sentido, la opinión del grupo fue unánime: tenía que denunciarlo.

Amy, viendo algunas reacciones contrarias, señaló que ella en ningún momento ‘insinuó’ nada: «Además, solo le preparé una taza de té un par de veces, cuando yo tenía puesto mi pijama». La mayoría de usuarias le señalaron que eso no justificaba en absoluto ni el más mínimo acoso: «No importa lo que tenías puesto, esta respuesta no está bien».

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta historia? 

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Fuente: La Vanguardia.

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