Perder un vuelo es un faena terrible…. pero, lamentablemente, bastante más común de lo que a todos nos convendría. Un atasco, que no nos suene el despertador, más cola de la prevista en el aérea de facturación de maletas… los motivos pueden ser infinitos, pero el resultado siempre es el mismo: cagarnos en todo lo cagable.

Los billetes de avión son muy caros y no todo el mundo puede permitirse perder uno y comprarse otro… y es precisamente por eso que, en muchas ocasiones, las personas se las ingenian para no perder sus vuelos. En el caso de nuestros protagonistas de hoy, podréis ver que, quizá, se pasaron de ingeniosos.

Un técnica cuestionable

Y es que, en situaciones desesperadas, la gente es capaz de hacer cosas absolutamente desesperadas. Y precisamente de eso puede dar buena fe una mujer que, hace poco, fingió una falsa alarma de bomba en el aeropuerto de Ezeiza, en Argentina, para que su pareja pudiese llegar a tiempo y no perdiese su vuelo. La cosa, como ya os podréis imaginar, no les salió como tenían pensado.

La pareja de la mujer, por lo visto, había hecho las maletas para irse a Santiago de Chile y, por diversos motivos, le iba a resultar imposible llegar a la última llamada para embarcar al avión.

Ella no dudó un solo segundo y cogió el teléfono para llamar al aeropuerto: cuando le contestaron, aseguró al personal haber escondido una bomba en el baño. El objetivo era que se parasen todos los vuelos y, así, su pareja tuviese tiempo de llegar.

Al recibir la llamada, el centro de atención telefónica del aeropuerto se puso en contacto con las autoridades e informó de que una mujer había llamado asegurando que había colocado un explosivo casero en uno de los lavabos de la terminal de llegadas internacionales.

Se desató el caos

El equipo de seguridad del aeropuerto activó el protocolo para este tipo de atentados, evacuaron toda la zona y el Grupo Especial de Control de Explosivos y Armas Especiales (GEDEX) de la PSA entró en acción… y, como ya os podréis imaginar, no encontraron absolutamente nada.

A la vez que se desplegaba todo el operativo, otra unidad de la policía intentó localizar a la mujer que, por el prefijo de su número, se pensaron que era de la ciudad de Rosario, cosa que provocó también el cierre del Aeropuerto Internacional Islas Malvinas.





Al indagar más, determinaron que la mujer se encontraba en Santa Fe, donde se había trasladado para llevar a su pareja en coche hasta el aeropuerto desde el que este tenía que partir.

Como también ya os podréis imaginar, la policía consiguió dar con el domicilio de la mujer, donde la detuvieron a ella y a su pareja (que sí, perdió su vuelo). Le requisaron su teléfono y, ahora mismo, la autora de la llamada se enfrenta a una pena de cárcel que podría tenerla un tiempo bastante largo en la sombra.

Lo más extraño de todo es que el hombre perdió el vuelo… pero es que ni siquiera había salido de su casa cuando la policía irrumpió para investigar el supuesto atentado. ¿Para qué hacen eso y luego se quedan encerrados? ¿Se asustaron después de ver que habían metido la pata hasta el fondo?

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A vosotros, ¿qué os ha parecido toda esta historia? 

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Fuente: La Vanguardia.

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