El mundo vikingo está muy de moda. Estos últimos años hemos tenido unas cuantas temporadas de la serie ‘Vikingos’, hace nada se estrenó ‘Vikingos: Valhalla’, un spin-off de esta misma producción, hemos tenido un Assassin’s Creed basado también en los guerreros nórdicos y, ahora, podemos acudir al cine a ver ‘El hombre del norte’, la nueva película de Robert Eggers basada también en ese contexto histórico.

La película es una auténtica maravilla que subvierte por completo el camino del héroe y la épica asociada a este tipo de producciones históricas/bélicas repletas de aventuras, héroes, villanos y damiselas en apuros. Pero es que la última creatura de Eggers es algo más. Y gran parte del mérito lo tienen sus dos protagonistas: Alexander Skarsgård y Anya Taylor-Joy.

Hoy, sin embargo, nos centraremos en el actor sueco, más concretamente en su preparación física para dar vida al guerrero Amleth. Y es que Alexander no ha dudado en, básicamente, convertirse en una especie de armario hipermusculado. Y para eso ha tenido que someterse a un entrenamiento y a una dieta muy, pero que muy exigente.

Para poder llevar su cuerpo al límite y estar preparado para el papel, el actor, de 45 años, contó con Magnus Lygdback, un famoso preparador físico que ya puso a tono a otros actores como Ben Affleck o Gal Gadot.

En una reciente entrevista para Variety, el propio entrenador explicó cómo había sido exactamente todo ese proceso de transformación para convertir a Alexander en una especie de mole indestructible. Y es que el actor consiguió ganar más de 10 kilos de puro músculo, y para eso tuvo que sufrir bastante (y, sobre todo, comer mucho).

Nada de entrenamientos largos

Lo primero que hizo Lygdback fue basar el entrenamiento en los animales espirituales del personaje: “Sus animales espirituales eran un oso y un lobo. Así que eso era lo que tratábamos de reflejar en el cuerpo y los movimientos de Alex. El lobo es muy ágil, y después tienes el tamaño del oso en este vikingo”.

Luego pasaron a la principal norma que tiene Lygdback para sus entrenamientos: que sean cortos, pero muy eficaces. “Vemos a menudo entrevistas en las que un actor dice: ‘Entrenaba muchas horas al día’. Eso no es necesariamente cierto», contaba el profesional del deporte.





«Puede que hayan estado moviéndose durante cuatro horas al día, ¿pero la sesión real en el gimnasio? Nunca he entrenado a mis clientes durante más de una hora porque lo que no se consigue en la primera hora no se consigue en la segunda”, aseguraba.

Así pues, el entrenamiento se centró en ‘pequeñas jornadas’ de gimnasio casi diarias que se fueron adaptando durante el rodaje de la película: “Todo lo que haces después de la primera hora es empezar a destrozar tu cuerpo. Así que mejor una hora al día, seis días a la semana. Durante el rodaje, cinco días a la semana”.

El otro tema importante: la alimentación

Recordemos que, según la OMS, un hombre ‘medio’ debe consumir al día entre 2.000 y las 2.500 calorías. Pues bien, para prepararse para este papel y ganar la masa muscular necesaria, Skarsgård tuvo que consumir 3.700 calorías al día.

Esto lo consiguió, básicamente, metiéndose entre pecho y espalda una comida cada 2-3 horas, de tal forma que así hacía cinco comidas diarias en total. Lygdback le repartió todo esto de una forma bastante peculiar: el actor debía hacer 20 comidas en cuatro días y 17 de ellas debían ser ‘sanas’: proteínas, vegetales, grasas y carbohidratos. Las otras 3 podían ser los que Alexander quisiera, las conocidas como ‘comidas trampa’.

A vosotros, ¿qué os ha parecido todo este proceso de transformación? 

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Fuente: AS.

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