Putin continúa con su invasión de Ucrania y, por lo que se desprende de las últimas noticias llegadas de ese país, la cosa no parece estar próxima a terminar. Ayer mismo el ministro de exteriores ruso aseguraba que iban a llegar «hasta el final» y que, de hecho, ellos no consideraban esto una invasión, sino algo más parecido a una «liberación». El tan deseado ‘alto al fuego’, ahora mismo, parece una auténtica quimera.

Todo esto después de negar que se esté atacando a población civil… aunque hay evidencias más que documentadas de que ya se han bombardeado hasta seis hospitales en el país. ¿Las fotos de las mujeres embarazadas huyendo de las ruinas del hospital en el que se encontraban? Según en Kremlin, un montaje de los «nazis ucranianos». Y, como ya se está pudiendo saber, esta «liberación», por lo visto, está requiriendo también de la utilización de armamento termobárico por parte del ejército ruso.

¿Qué es una bomba termobárica?

Este tipo de bombas son un auténtico ejemplo del horror que se puede conseguir con la ingeniería bélica. Cuando explotan, básicamente, absorben todo el oxigeno en un radio de hasta 300 metros, para luego generar una explosión al altísima temperatura que consume absolutamente todo a su alcance. El algo tan terrible que cuesta de reflejar con palabras.

Las bombas termobáricas, además, tienen un efecto destructivo significativamente mayor que otras bombas convencionales y, por ser lo más ilustrativos posibles, si estás dentro de la explosión, lo más probable es que tu cuerpo acabe completamente ‘vaporizado’.

Destrucción en dos fases

Esta bomba de vacío tiene una estructura bastante curiosa, ya que consta de dos cargas explosivas que actúan en dos fases bien diferenciadas. Además, es una bomba con un tamaño que permite lanzarla desde un avión a no demasiada altura, por lo que los sistemas antimisiles poco o nada pueden hacer en su contra.

La primera carga impacta con el objetivo, momento en el que se abre un contenedor y se dispersa el combustible que genera una nube que inunda toda la zona del impacto, colándose entre edificios, escondites, cuevas y cualquier tipo de zona a través de la que pueda entrar el aire.

La segunda carga detona y esa nube de combustible se enciende, generando una inmensa bola de fuego, además de una onda expansiva, que consume todo el oxígeno de la zona y genera una especie de atmósfera de fuego que arrasa con todo, llegando a temperaturas de hasta 3.000 grados centígrados.





Crímenes de guerra

La Corte Criminal Internacional está investigando si Rusia ha hecho uso de este tipo de armas en su invasión a Ucrania… aunque todo apunta a que sí se ha hecho uso y en más de una ocasión. Recordemos que este tipo de armas están prohibidas por la convención de Ginebra.

Los hechos parecen bastante claros y, sin ir más lejos, el martes 1 de marzo, la embajadora ucraniana en Washington, Oksana Markarova, ya denunció que Rusia había lanzado bombas termobáricas en algunos de los combates que se estaban viviendo el algunas de las ciudades de Ucrania.

De hecho, hace unos días, el Ministerio de Defensa ruso confirmó el uso del sistema de armas TOS-1A en Ucrania, sistema que aprovecha la tecnología y el poder de los cohetes termobáricos.

Amnistía Internacional y Human Rights Watch también han denunciado el uso de este tipo de armamento en Ucrania, además de denunciar también el uso de municiones de racimo, cuya utilización también está terminantemente prohibida.

Vosotros, ¿qué pensáis de todo este conflicto? 

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Fuente: El Huffpost.

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