Estaba con dos amigos tomando unas cañas por el centro de Barcelona, la cosa se empezó a animar mientras hablamos de sexo. Uno de ellos nos quiso contar su propia experiencia en una sauna gay el pasado fin de semana. Mis dos colegas habían ido alguna vez, pero lo cierto es que yo nunca me había planteado ir a una sauna. Me sinceré y les dije que alguna vez había fantaseado con la idea, pero nunca me había atrevido a dar el paso.

Lo primero que me explicaron es que entrar a una sauna gay no significa tener sexo con todo el que se te ponga por delante, que si solo querías tomarte unas copas estabas en todo tu derecho. Tras mucho insistir, al final me convencieron y nos fuimos a una que estaba por la zona. Reconozco que estaba algo nervioso porque no sabía cómo iba a acabar la cosa. Al llegar, entramos por la puerta y lo primero que nos encontramos fue con la taquilla.

«Se sentó a mi lado y comenzó a tocarme la pierna debajo del agua»

No lo recuerdo exactamente porque ya iba algo borracho, pero la entrada era en torno a unos 18€. Por ser un grupo de tres, al final acabamos pagando menos. Enseguida nos dieron una toalla a cada uno, unas chanclas y varios condones por lo que pudiera pasar. Uno de mis amigos me contó que en otra sauna le llegaron a dar hasta vaselina. Nos dieron una llave a cada uno y fuimos a cambiarnos a las taquillas. Flipé con lo grande que era aquello. La sauna tenía hasta cuatro plantas.

Para entrar en calor decidimos pasarnos por el bar para tomarnos un buen copazo. De camino nos encontramos con el cine, donde están poniendo películas porno todo el rato. Vimos a varios tíos haciéndose pajas y tiramos de largo. Mientras nos ponían el gin tonic, un chico que había allí no paraba de mirarnos fijamente, estaba claro que quería unirse a nosotros, pero todavía no estábamos tan calentitos. Continuamos hablando de nuestras cosas y después decidimos meternos en uno de los jacuzzis.

Un montón de tíos completamente desnudos se quedaron mirándonos y al rato uno comenzó a acercarse donde estábamos nosotros. Noté que el que le gustaba era yo y sabía que de un momento a otro pasaría a la acción. Se sentó a mi lado y comenzó a tocarme la pierna debajo del agua. Para ser sinceros yo no le quité la mano, por lo que entendió que yo estaba a gusto y que quería ir a más. Apenas cruzamos palabra, pero me sentí cómodo. Me dijo al oído si le acompañaba y miré cómplice a mis amigos dando por hecho que quería irme con ese chico.

«Me cogió la mano y me llevó hasta una que era diferente al resto»

Pasamos por un montón de cabinas en las que puedes entrar de manera gratuita, aunque hay algunas que son premium y por esas tienes que pagar algo más. Me cogió la mano y me llevó hasta una que era diferente al resto. En esta había un columpio sujetado al techo por cuatro cadenas. Lo había visto alguna vez en películas porno, pero la verdad es que nunca había visto uno en persona. Sin necesidad de hablar, el tío se subió al columpio y comenzamos a tener relaciones.

Cuando terminamos me despedí del chico y fui a buscar a mis amigos. Me moría de ganas por contarles lo que había pasado. De camino a las piscinas me encontré a varios tíos durmiendo en una de las cabinas, seguro que iban muy pasados. No les encontraba. Estuve buscándoles bastante rato y llegué a mirar cabina por cabina. No me lo podía creer. Abrí una de las puertas y me los encontré a los dos liándose. Esto sí que no lo vi venir, pero decidí hacerme el loco y volver a la piscina a ver si conocía a otro tío.





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