«Tres figuras» es una de las obras más populares de la artista rusa Anna Leporskaya. Realizada en 1932, estaba expuesta desde el pasado mes de diciembre en el Centro Yeltsin en Ekaterimburgo (Rusia). Es una de las consideradas como ‘joyas del vanguardismo soviético’ y ahora, por culpa del aburrimiento de un guardia de seguridad, podría haber perdido todo su valor.

El responsable de cuidar las obras guardadas en el centro era un hombre de 60 años que, ahora mismo, puede haberse convertido en una de las personas más odiadas del país (aunque no del todo, cosa que ahora entenderéis). Y todo esto cuando apenas llevaba un día de trabajo.

Y es que, por lo visto, en su primera jornada, mientras se aburría en medio de su turno, decidió pillar un boli y realizar lo que podría considerarse todo un atentado al mundo del arte.

La pintura en cuestión son tres figuras que, como podéis ver en las imágenes, no tienen rostro. Son tres personas de frente pero que carecen por completo de rasgos: ni boca ni nariz ni nada; tienen el rostro completamente carente de expresión. Precisamente por todo esto los encargados del museo se sorprendieron tanto al ver que alguien les había dibujado una cara. La obra, por si no lo había dicho, está valorada en casi 900.000 euros.

Y es que dos de las figuras, las que estaban a ambos lados de la composición, aparecieron al día siguiente con dos círculos azules simulando un juego de ojos. El vigilante, por su parte, no tardó en confesar que había sido él, alegando que «estaba aburrido» en su primer día de trabajo.

Todo esto ocurrió durante el mes de diciembre y, desde entonces, las autoridades habían ocultado este caso. De hecho, por algún motivo que no conseguimos comprender, se decidió no abrir ningún tipo de proceso legal contra el hombre.

De hecho, fueron las autoridades las que justificaron esta decisión asegurando que “no había signos de un delito tal como lo define el Código Penal de la Federación Rusa”… cosas de la burocracia, supongo.





A su vez, el Centro Yeltsin esperó dos semanas para denunciar la situación a la policía y se negó a entregar las imágenes de las cámaras de seguridad. Alexander Drozdov, director del Centro Yeltsin, aseguró a la presan que, básicamente, no pensaban hacer nada al respecto: «No estábamos nada desconcertados cuando la policía decidió no abrir el caso, porque según su evaluación de daños no había fundamentos legales para una investigación».

También minimizaron lo que había hecho el hombre y tranquilizaron a la gente respecto a la restauración de la obra. «La pintura está siendo restaurada, el daño, según el experto, se puede eliminar sin consecuencias para la obra de arte».

A vosotros, ¿Qué os ha parecido todo esto? 

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Fuente: La Vanguardia.

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