Estamos ya llegando a mediados de febrero y se nos juntan dos cosas: la promesa que nos hicimos con el año nuevo de cuidar nuestra salud y perder algo de peso, y el hecho de que cada vez tenemos el verano más cerca y, por una cosa u otra, queremos lucir palmito en la playa; toca sacrificarse un poco para poder ver la recompensa en unos pocos meses (aunque cueste).

Pero la historia de hoy quizá os hará ver todo esto de una forma un poco diferente. Y es que, por lo general, cuando se habla de una dieta para perder peso, lo último que nos viene a la cabeza como un ejemplo de ello es una buena pizza… pues quizá ha llegado el momento de cambiar un poco esta imagen.

La dieta de la pizza

Y es que una pizza puede ser un alimento muy sabroso, pero también terriblemente calórico. Por eso mismo nos quedamos tan sorprendidos cuando el chef Pasquale Cozzolino contó su experiencia con este alimento y cómo, con una dieta a base de pizza, había conseguido perder un montón de peso.

Todo comenzó cuando el profesional de la gastronomía se mudo a Nueva York. Ahí buscaba una vida mejor y, cuando ya se hubo instalado, se dio cuenta de que lo que había conseguido con el paso de los meses había sido engordarse.

Los kilos se fueron sumando hasta que estos llegaron a ser un problema grave para su salud, por lo que decidió ponerse manos a la obra y, como buen italiano, una cosa a la que no estaba dispuesto a renunciar era a la pizza, su alimento favorito. Pero, pero poder cumplir eso, tendría que apretarse bastante las tuercas.

Como él mismo cuenta en su página web, en las dos primeras semanas de dieta ya había conseguido perder unos 9 kilos, y eso que seguí comiendo pizza. Al cabo de nueve meses, ya había perdido algo más de 50 kilos y no había dejado ni un solo día su plato favorito de lado… ¿cómo lo había conseguido?

Pues, para eso, debemos prestar atención a su dieta, tanto a lo que no es la pizza como a la forma que tenía de preparar la pizza en sí. Para empezar, por la mañana desayunaba cereales acompañados con leche baja en grasas y algo de fruta. A media mañana, para ‘matar’ el hambre, se comía una manzana. Llegados al mediodía es cuando sacaba la carta de la pizza, la cual preparaba con una masa muy fina, tomate casero, un poco de mozzarella y albahaca, dejándole caer por encima unas gotas de aceite de oliva. Ya saltaba directamente a la cena, donde solía comer algo de pescado y vegetales hervidos.





Con esta dieta lo que consiguió fue mantener un correcto equilibrio de nutrientes y comida sana, pero sin renunciar a un ‘capricho’ diario, cosa que le permitió no decaer mentalmente a lo largo de un proceso que, igualmente, le resultó duro.

Por supuesto, esta dieta (como cualquier otra), debe estar acompañada de ejercicio físico y, antes de nada, lo mejor es que consultéis con un profesional de la nutrición. Esta es la historia de este chef y no tiene porque ser la vuestra, ya que cada cuerpo, cada persona, es diferente.

A vosotros, ¿qué os ha parecido todo esto? 

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Fuente: Sport.

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