Cuando somos pequeños o adolescentes nos pasamos la mayor parte del tiempo en nuestros colegios e institutos y las cosas que suceden allí nos marcan para toda la vida. Las primeras amistades, los primeros amores, enfrentamientos con profesores o severos castigos son algunas de las cosas que muchos hemos vivido en esa etapa de nuestras vidas. La educación que allí recibimos es casi tan importante como la que nos enseñan de puertas para dentro nuestras familias.

Como es normal, cada colegio tiene unas normas que los alumnos deben cumplir, pero también hay que reconocer que estas reglas a veces parecen sacadas de la caverna. Algunos colegios se quedan atrás con respecto a los tiempos que vivimos. La siguiente historia que te traemos es la de una chica que ha tenido que vivir una experiencia bastante desagradable por no cumplir una de las normas del centro en el que estudia.

El colegio le ofreció un pantalón extremadamente pequeño

El Scott Medical and Healthcare College es un colegio de Inglaterra en el que ha sucedido algo que ha generado mucho revuelo entre sus alumnos. Una joven fue expulsada de sus instalaciones por, supuestamente, no cumplir con uno de los códigos de vestimenta que se les exige a sus estudiantes. La chica se presentó un día a clase con un pantalón con el que se le veía una pequeña parte de su tobillo.

Cuando uno de los profesores vio este detalle, informó a las autoridades del colegio, que tras mucho debate, decidieron que la chica así no podía estar en clase. Antes de llegar a esta medida extrema, el director del centro le ofreció a la niña ponerse uno de los pantalones de repuesto que allí tenían. Cuando la chica se los probó se dio cuenta de que le quedaban extremadamente apretados y que incluso le impedían andar con normalidad.

Como al final decidió seguir con los suyos, la estudiante no tuvo más remedio que irse para su casa. Al llegar a su domicilio el padre se extrañó de que su hija hubiese regresado tan pronto y ella le contó el motivo. El padre no recibió muy bien la noticia y se enfadó con el centro porque su economía solo le permite comprarle un uniforme por curso, en caso de que no se le rompa o ensucie sin arreglo.

«No estoy hecho de dinero», dijo el padre

«Siempre he comprado el uniforme de mis hijos en septiembre, que les durará ese año escolar, a menos que se rasgue o se rompa, entonces compraré un nuevo conjunto para el año siguiente . No estoy hecho de dinero», explicó el padre después de lo sucedido. A él no le parecía un motivo lo suficientemente relevante como para mandar a su hija a casa por ese pequeño detalle que no ofende a nadie.

Con la intención de llegar a un acuerdo, el colegio se ofreció a pagarle a la niña un uniforme para que fuese a clase sin enseñar ni una sola parte de su pierna. La oferta del centro no le sentó nada bien al padre, que al final decidió ser él quien comprase un nuevo uniforme a la niña a pesar de lo desfavorable de su situación económica.

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Fuente: UPSOC