La comida a domicilio se ha convertido en una parte más de nuestras vidas. Una tendencia que ya se estaba imponiendo antes de la pandemia y que, con todo lo que nos ha tocado vivir encerrados en nuestras casas, ha acabado de consolidarse (para lo bueno y para lo malo que ya sabéis cómo van estas cosas). La cuestión es que, cuando no cocinamos porque no tenemos tiempo o bien porque, simplemente, no nos apetece, coger nuestro móvil, abrir una aplicación de delivery y hacer un pedido es ya casi un acto reflejo.

Y no es solo que podamos pedir prácticamente cualquier plato de comida, sino que, a través de las aplicaciones, podemos hacer modificaciones o dar indicaciones a los cocineros para ajustar lo que vamos a comer a lo que realmente queremos. Estos formularios, por lo general, nos dejan escribir cualquier cosa que, más tarde, los trabajadores del restaurante deberán leer y tener en consideración (o no, que, nuevamente, siempre hay de todo).

Y es que fue precisamente a través de este tipo de notas que el protagonista de nuestra historia de hoy, un repartidor de comida, se dio cuenta de que algo no iba bien, ya que recibió un mensaje muy diferente a lo que estaba acostumbrado.

Una nota inesperada

Yang Yanfei, un repartidor de la ciudad de Zhengzhou, China, estaba en plena jornada laboral cuando, la nota del pedido de uno de sus clientes, lo alertó: se trataba de algo muy serio que nada tenía que ver con la comida.

«Esta es la última comida de mi vida. Estoy a punto de suicidarme. Ya he bebido demasiado y quiero tomar pastillas para dormir», escribió el cliente en la nota de un pedido de tofu por valor de 25,88 yuanes (unos 4 euros).

El repartidor no supo qué hacer de entrada: podía tratarse de una broma de muy mal gusto… pero también podría ser real y la vida de un hombre estaba corriendo peligro en ese preciso momento. Fue entonces cuando decidió actuar.

Dejó de lado el trabajo y salió corriendo a la dirección desde donde le habían hecho el pedido. Él sabía que, en este tipo de situaciones, cada segundo era crucial, por lo que tenía que actuar con la mayor celeridad posible.





El repartidor llegó a la vivienda y empezó a llamar a la puerta… con muy poco éxito: nadie le contestó siquiera. Tras múltiples intentos, llamó al servicio de emergencia para que derribasen la puerta, temiendo encontrar lo peor dentro de la vivienda.

Cuando estos llegaron, el cliente dio señales de vida, pero empezó a gritar que iba a tirarse por la ventana, por lo que se sentó en el borde de la misma y rompió en lágrimas: «¡Quiero ver a mi padre!», se lamentaba. Finalmente, consiguieron tranquilizarlo y alejarlo de la ventana.

A pesar de esto, la vida del hombre seguía corriendo peligro ya que se había tomado unos 60 somníferos, por lo que había empezado a perder el conocimiento. Fue trasladado al hospital más cercano y allí consiguieron estabilizarlo a la espera de recibir tratamiento psicológico.

El hombre, por lo visto, había llegado a ese extremo a raíz del mal momento económico por el que estaba pasando tras una serie de malas inversiones. Además, tenía problemas con su pareja.

El repartidor, por su parte, ha sido considerado un héroe en toda la zona y, la empresa de comida para la que trabaja, ha querido recompensar el heroico gesto Yanfei con un plus en su sueldo de 1.8000 euros.

A vosotros, ¿Qué os ha parecido toda esta historia? 

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Fuente: La Vanguardia.

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