La hostelería ha sido uno de los sectores más castigados por la pandemia. Muchos negocios, pequeños y más grandes, se han visto obligados a bajar su persiana de manera definitiva para siempre. Los trabajadores, a medida que pasa el tiempo, tienen que seguir luchando para conseguir unas mejores condiciones y así poder conciliar su vida profesional con la personal. De siempre se ha sabido que es una de las profesiones menos agradecidas.

El trato con el público no siempre es un camino de rosas y los empleados, a veces, se tienen que enfrentar a malas contestaciones, faltas de educación y las prisas y exigencias de los distintos clientes. Aunque lo cierto es que no siempre es así. Existen clientes maravillosos que son considerados, y mucho, con los trabajadores de cualquier establecimiento al que decidan ir para comer o para simplemente tomarse un café.

Las dos trabajadoras atendieron a una mesa de 40 personas

En España no tenemos muy integrado lo de dejar propinas en los sitios, pero prácticamente en cualquier lugar del extranjero es una práctica bastante usual. A veces, la generosidad de los clientes se demuestra dejando a los trabajadores una digna cantidad económica y eso es lo que ha sucedido en la siguiente historia. Muchos empleados, prácticamente, viven de las propinas que reciben al terminar uno de sus servicios. ¡Y qué propinas!

Ryan Brandt es una camarera que trabajaba en el restaurante Oven & Tap en Arkansas (Estados Unidos). Durante una de sus jornadas se encontraba atendiendo a una mesa con un total de 40 comensales. Junto a una compañera, Ryan atendió a sus clientes de la mejor manera posible, igual que hizo la otra trabajadora. Al terminar el servicio, cada uno de los comensales se comprometió a dejar una elevada propina por cabeza. La cifra ascendía hasta los 3.600€. Amabas se partieron la cantidad en dos y cada una recibió un total de 1.800€.

Cuando su jefe se enteró de lo sucedido, le pidió a Ryan Brandt que se quedase tan solo con el 20% de lo recibido y que el resto lo repartiese entre sus compañeros. Uno de los clientes que puso parte de la propina, se enteró de lo sucedido e insistió en que el dinero era exclusivamente para las dos trabajadoras que les habían atendido en ese servicio. Después de recibir varias quejas, el jefe tomó una drástica decisión que agitaría el ambiente.

El jefe la despidió por no cumplir una «norma» de la empresa

Por no acceder a repartir el dinero, el jefe decidió echar a Ryan Brandt de su puesto de trabajo por no querer repartir la propina, según le habían dicho los clientes. A pesar de ello, el jefe consideraba que no repartiéndolo estaba incumpliendo una norma de la empresa y la decisión fue drástica: no tendría que volver al trabajo al día siguiente.

Ryan no se ha quedado satisfecha con lo que ha ocurrido y ha tomado la decisión de denunciar a su empresa por despido improcedente. De momento, tendremos que esperara para ver cómo se desarrollan los acontecimientos con respecto a este supuesto despido improcedente.





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Fuente: 20minutos

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