“¡Ahora a quemar estas calorías!” es una de las frases más pronunciadas de todas las cenas navideñas. Es una época en la que toca reunirse con los familiares y comer sin parar; los turrones, los canelones, el pavo y el alcohol abundan más que en cualquier otro momento del año… y eso se nota.

Y es que ese concepto de ‘castigarse’ a hacer ejercicio por pasarse con determinadas comidas es algo que está muy extendido… pero que quizá deberíamos empezar a replantearnos: ¿no es una mentalidad algo tóxica?

“¡Ahora a quemar estas calorías!”

Y es que si vamos al gimnasio debería ser porque queremos mantenernos en un buen estado de salud, no porque sintamos que es un castigo asociado a ‘comer de más’ en determinadas fechas señaladas. Es una concepción del gimnasio que desvirtúa por completo su propósito.

Unas investigaciones recientes determinaron que hacer ejercicio de forma regular ayuda a aumentar la esperanza de vida más que el simple hecho de ‘perder peso’. El ejercicio tiene otros beneficios asociados como la reducción de los síntomas de la ansiedad y la depresión, por no hablar de otros beneficios, como los relacionados con la salud del sueño. Todo esto es algo que debe impulsarnos a hacer deporte, y no el ‘miedo a las calorías’.

Disfrute y no castigo

Y es que plantarnos delante de la cena de Navidad no tiene que ser una tortura ni debemos tomarnos el comernos unos mazapanes como si estuviésemos tomando veneno; debemos disfrutar de la festividad y utilizar el deporte como una rutina más en nuestra vida enfocada al bienestar personal, no al ‘castigo por pasarse con los turrones’.

Alyssa Royse, propietaria del gimnasio Rocket Community Fitness, sostiene que convertir el deporte en el ‘precio a pagar’ para enmendar nuestros ‘errores’… es un error:

“El derecho a comer y a sentir placer lo tienes por el simple hecho de tener un cuerpo y vivir”, defiende la profesional del deporte. “Cuando moralizamos la comida, desencadenamos toda una serie de pensamientos y patrones de conducta peligrosos”, continúa.





Y es entonces cuando, según Royse, llega el verdadero peligro: “Eso incluye trastornos alimentarios que pueden acabar derivando en problemas de salud graves a largo plazo, como cardiopatías, pérdida de cabello, daños cerebrales, cansancio, etc.”.

Según Royse, llevamos años con el pensamiento tóxico de relacionar el deporte con un castigo por comer, y que eso es algo que encuentra su máxima expresión cuando llegan estas fechas tan señaladas. Ella, por su parte, anima a sus clientes a tener una mentalidad más ‘neutra’ respecto a la comida y más positiva respecto al cuidado de su cuerpo y al deporte en general.

Esto, evidentemente, no implica que nos pongamos las botas cada día: se trata de una cuestión de equilibrio y de disfrutar de los días especiales. La alimentación sana debería ser la norma en nuestro día a día, que no quiere decir comer de forma aburrida ni no darse caprichos.

A vosotros, ¿qué os ha parecido todo esto? 

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Fuente: El Huffpost.

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