Vivimos en una época en la que pegas una patada a una piedra y saltan de debajo siete clínicas de estética. Nunca había sido tan accesible realizarse un retoque estético y, por lo tanto, cada vez es más habitual que la gente cambie aquellas partes de su anatomía con las que no está demasiado contenta.

Y esto está bien, depende de cada persona y no nos vamos a meter a valorarlo… pero lo que no podemos obviar es que, en la actualidad, los cánones de belleza juegan un papel fundamental en el mundo de las redes sociales y de la masificación de los filtros digitales. Pero es que todo esto, al protagonista de nuestra historia de hoy, le da absolutamente igual.

Un récord de narices

A Mehmet Ozyurek siempre le ha gustado su nariz… y eso que no las ha tenido todas consigo ya que, cuando era pequeño, los niños de su colegía se metían con él, lo señalaban y se burlaban de que tuviese una nariz bastante más grande de lo habitual.

Mientras que muchas personas en su situación se plantearían someterse a una intervención quirúrgica, Ozyurek optó por someterse a un cambio de mentalidad: “me miré en el espejo y me descubrí a mí mismo. Dios me hizo así, no hay nada que se pueda hacer en esta situación. He aprendido a vivir en paz con mi físico», señalaba en una entrevista.

Mehmet tiene en la actualidad 72 años y ha vivido una vida feliz en la que se ha acostumbrado que la gente lo observe al percatarse del tamaño de su nariz. Pero todo esto ha valido la pena ya que, ahora, ha hecho historia al recibir el título de la ‘nariz más grande del mundo’, un récord mundial del que no se podría sentir más orgulloso.

Orgulloso de su récord

«Algunos se convierten en primeros ministros y otros en poseedores de récords mundiales», asegura Mehmet justo después de conocer la noticia de que su amada nariz de 8,7 centímetros es, desde ahora mismo, la más grande de todo el mundo. Cosa que no es ninguna tontería teniendo en cuenta que somos más de 7.000 millones de personas en el planeta.

Su amada nariz de 8,7 centímetros es, desde ahora mismo, la más grande de todo el mundo

Y es que no nos quedemos solo con el tema del tamaño porque, según Ozyurek, las dimensiones de su nariz se traducen también en una mayor capacidad olfativa: «Por ejemplo, cuando entro en mi casa… puedo saber inmediatamente qué plato se está cocinando», señala asegurando que, incluso, puede percibir olores que los demás son incapaces de detectar.





Lo mejor de todo esto es que, más allá del tema del tamaño de su nariz, Mehmet se ha convertido un todo un referente de autoestima y amor propio, inspirando a muchas personas que, por un motivo u otro, tienen dificultades para aceptar parte de lo que son, tanto a nivel externo como interno. Él es un gran ejemplo de cómo, un complejo infantil, con el tiempo, se ha convertido en una de sus mayores virtudes y en uno de sus principales motivos de orgullo.

Finalmente, Mehmet recalca lo más importante de todo esto: «Además, a mi mujer le gusta». Si es que hay que quererlo.

A vosotros, ¿qué os ha parecido toda esta historia? 

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Fuente: La Vanguardia.

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