La pandemia ha dejado herido de muerte a muchos de los sectores industriales de todo el mundo. Millones de negocios sufrieron las consecuencias del maldito virus y, muchos de ellos, tuvieron que acabar echando el cierre para siempre. Hemos vivido una auténtica  desgracia que, gracias a la labor de toda la ciudadanía en su conjunto, está llegando a su fin (aunque no hay que bajar la guardia).

Teniendo en cuenta todo esto, muchos gobiernos han optado por ofrecer fondos de ayudas para que el tejido industrial no colapsase por completo y, de hecho, gracias a esto, muchos han conseguido salir a flote. Lamentablemente, como suele ocurrir, hay gente sin escrúpulos que intenta aprovecharse de esto para enriquecerse… y exactamente eso fue lo que hicieron los protagonistas de nuestra historia de hoy. Solo que, a ellos, les ha salido el tiro por la culata. Pero vamos por partes.

Estafadores en tiempos de pandemia

En los Estados Unidos, estos fondos de ayudas han sido de gran utilidad para las empresas y les han supuesto una inyección de capital de decenas de miles de millones de dólares. Y esto, como os podréis imaginar, era un botín muy jugoso para algunos.

Richard Ayvazyan, de 43 años, y Marietta Terabelian, de 37 años, son una pareja con tres hijos de 13, 15 y 16 años, residentes en California, Estados Unidos. Lo que, hasta hace unos meses, era una familia normal, ahora se ha convertido en un guion de una película de Martin Scorsese.

Según señaló la fiscalía en el juicio que se celebró en contra de los estafadores, la pareja usó identidades falsas y robadas para presentar solicitudes fraudulentas para unos 150 préstamos para negocios ficticios que, en teoría, se iban a beneficiar de las ayudas que el gobierno americano había abierto por la pandemia.

Las solicitudes, por lo visto, eran bastante completas y presentaban toda la documentación necesaria… solo que esta estaba completa o parcialmente falsificada. La cuestión es que, con todo el montaje que hicieron, consiguieron convencer a los prestamistas y a la Administración de Pequeñas Empresas y, básicamente, se hicieron de oro.

Montaron una estructura delictiva en la que colaboraban junto con el hermano de Ayvazyan y cinco conspiradores más. Con el dinero obtenido consiguieron comprarse tres mansiones en California, monedas de oro, diamantes, muebles, relojes, motocicletas de alta gama y muchos otros lujos de los que, ahora, no pueden disfrutar.





Aunque todo esto les duró poco, ya que el FBI acabó descubriendo el fraude y todos los implicados acabaron sentados delante del juez. Perdieron todas las pertenencias obtenidas de forma ilícita y acabaron entre rejas. Richard Ayvazyan, autor intelectual de la estafa, recibió la condena más alta, de 17 años de prisión.

La cuestión es que, una vez resuelta la sentencia, Richard y su mujer Marietta, que estaban en prisión domiciliaria, cortaron sus pulsera electrónicas y se dieron a la fuga, dejando únicamente una nota de despedida a sus tres hijos. Ahora mismo, estos dos son los prófugos mediáticos más buscados del país.

En este preciso momento, las autoridades no han podido dar con los dos prófugos de la justicia. Sus hijos se encuentran bajo la tutela de su abuela y el FBI ofrece recompensas de hasta 20.000 dólares a todas las personas que ofrezcan información que pueda llevar a la detención de los delincuentes.

A vosotros, ¿qué os ha parecido toda esta historia? 

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Fuente: La Vanguardia.

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