Jonathan Lewis se le ha estropeado la semana (y probablemente las noches de la próxima década). Este hombre de 32 años acababa de hacerse con las llaves de la que era la casa de sus sueños: había ahorrado un montón para comprarla y, ahora, por fin podía empezar a vivir en ella. Eso sí, antes de instalarse, primero tenía que hacer unas cuantas labores de bricolaje para dejarlo todo apunto.

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Lo que tenía que hacer una reforma bastante sencilla: darle a la casa unas capitas de pintura y tapar algún que otro agujero, acabó por convertirse en una historia terrorífica que daría para que James Wan haga siete u ocho películas.

En las primeras fases del proceso de remodelación, Jonathan se topó con algo muy extraño. Golpeó la pared de debajo de la escalera principal con un martillo y dentro encontró una muñeca de trapo con un vestido de rayas, un sombrero de paja y con una nota espeluznante enganchada en su mano. En este punto de la historia, yo ya estaría corriendo como un loco en dirección contraria a la casa. Pero Jonathan, al ser británico y, por lo tanto, un tipo muy valiente que bebe té, decidió investigar.

«Había un cable que salía de donde los dueños anteriores tenían el refrigerador, pero no sabía dónde estaba enchufado el cable, así que golpeé un poco la placa de yeso para ver qué había allí», y señala que, en ese momento, la cosa se complicó: «Atravesé un agujero del tamaño de un puño, encendí una luz y había una muñeca sentada allí», contó el hombre a los medios locales.

La nota de la muñeca no podría ser más malrollera: «Mi nombre es Emily. Mis dueños originales vivían en esta casa en 1961. No me agradaban, así que tuvieron que irse. Todo lo que hicieron fue cantar y divertirse. Fue repugnante. Apuñalar fue mi elección de muerte para ellos, así que espero que tengas cuchillos», y acababa con un «Espero que duermas bien». ¿Alguien tiene el número de teléfono de los Warren?

Por lo visto, Jonathan estaba con unos amigos en ese momento y, como habríamos hecho todos, le recomendaron que vendiese la casa inmediatamente, ya que era más que evidente que estaba ‘maldita’. Pero Jonathan no era un cobarde.



De hecho, el propietario de la casa se tomó todo eso como una broma y hasta lo encontró divertido. Otra de las cosas en las que cayó fue que, a pesar de que la nota ponía que databa de 1961, la de la inmobiliaria que le vendió la casa le dijo que la cocina había sido reformada ‘cuatro o cinco’ años antes, por lo que sí o sí tenía que tratarse de algún tipo de broma pesada.

Jonathan ha asegurado que no va a mudarse a otra casa y que, de hecho, está muy contento de que esto le haya ocurrido, ya que se ha divertido mucho con todo esto y así se ha ganado una anécdota que contarle a todo el mundo.

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta historia? ¿Qué habríais hecho en su caso? 

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Fuente: La Vanguardia.