Eva Pearz, una joven influencer de Costa Rica, sufre lo mismo que muchas otras personas que, como ella, han decidido tener su cuerpo repleto de tatuajes: el rechazo de quienes no están de acuerdo con este arte. Lo bueno de Eva es que ella tiene clara su pasión y, de hecho, piensa convertirla en un proyecto de vida, pero eso no le evita vivir situaciones tan lamentables como las que veréis hoy.

Poca duda hay de que nuestra generación, comparada con la de nuestros abuelos, es mucho más tolerante con el tema de los tatuajes, y mucho más si hablamos de esto como una carrera profesional -ser tatuador, actualmente, es algo de lo más común-.

Antes, si algo no encajaba dentro de los trabajos ‘de toda la vida’, estaba mal visto y era apartado de la sociedad. Esto es algo comprensible, pero los tiempos están cambiando y, poco a poco, toca ir acostumbrándose a que las tendencias y, por lo tanto, el mercado laboral, son cambiantes.

 

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Y es que Eva Pearz es la prueba de que uno, si tiene oficio, de lo que sea, puede obtener un beneficio. Ella, como podéis ver en sus redes sociales, es una fanática del mundo de los tatuajes, cosa que demuestra cubriéndose de tinta su propio cuerpo con creaciones que son verdaderamente alucinantes.

Ella está encantada con el camino que ha emprendido en su vida… pero también es consciente de que esto no lo ven así muchas de las personas que se cruzan con ella, algunas de las cuales no dudan en dejarle algún comentario hiriente:

 

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“Algunos asumen que soy grosera o fría y que sólo escucho música black metal (sólo por mi estilo). Dan por hecho que soy una drogadicta y/o miembro de una pandilla… Pero lo cierto es que he trabajado muy duro durante los últimos 11 años de mi vida para poder permitirme mi actual estilo de vida”, aseguraba en una entrevista para el Daily Star.

Está tan convencida del camino que quiere emprender en su vida, que, actualmente, ya lleva más de 9 mil dólares invertidos en decorar su cuerpo:



“He sacrificado muchas cosas superficiales y me he centrado en desarrollar mi vida al máximo para estar donde estoy ahora. Así que la gente puede pensar y decir lo que le de la gana. Estoy totalmente orgullosa de mí misma y de en quién me estoy convirtiendo”, zanjaba.

Y es que, en el mundo en el que vivimos hoy, tiene que haber lugar para todas aquellas formas de expresión artística que, por supuesto, no perjudiquen a nadie. Los tiempos cambian y, con ellos, nosotros. No criminalicemos lo ‘diferente’ y, mejor, preguntémonos por qué nos genera rechazo, con tal de descubrir si, detrás de ese pensamiento, se oculta algún tipo de creencia irracional.

A vosotros, ¿qué os ha parecido la historia de Eva? 

Si os ha gustado este artículo recordad que más abajo podéis disfrutar de otros que, con casi total seguridad, os resultarán igualmente entretenidos… o eso esperamos, porque la verdad es que los hemos hecho con mucho cariño.

Fuente: Upsocl.