En la actualidad, si queremos comunicarnos con alguien, lo único que tenemos que hacer es sacar nuestro teléfono móvil y decidir si queremos enviar un WhatsApp, un mensaje por Instagram, una videollamada por Zoom o, incluso, tirar del ya casi obsoleto SMS. Esto, a lo que estamos muy acostumbrados ahora, no era para nada la norma hace unas pocas décadas.

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Y es que, cuando no existía internet y la telefonía estaba en pañales, uno de los métodos de comunicación más habituales era la correspondencia por carta: escribías lo que querías decirle a alguien en una hoja de papel, lo metías en un sobre y lo mandabas por correo con la esperanza de que llegase más pronto que tarde.

Este era un recurso de comunicación muy romántico, pero que, lamentablemente, ya ha pasado a mejor vida gracias al avance de las nuevas tecnologías. Mandar una carta es algo que solo está al alcance de los más nostálgicos (y de las compañías que quieren mandarnos facturas, claro).

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Pero es que no hay nada más romántico y adorable que una carta de amor escrita totalmente a mano… y eso es lo que nos enseña el protagonista de nuestra historia de hoy.

Todo comenzó cuando una operaria de la planta de reciclaje del municipio Malagueño de Casares vio algo entre la basura que llamó su atención. Vio lo que parecía ser unos papeles escritos a mano y, cuando se acercó a leer lo que ahí ponía, se encontró con una entrañable carta de amor escrita hacía nada más y nada menos que cincuenta años.

Por lo que se ha podido deducir de la carta, esta está escrita por un soldado que se encontraba haciendo la mili a su pareja, con la que, por lo visto, se estaba a punto de casar y a la que, como veréis, echaba mucho de menos.

La operaria leyó las cartas y quedó completamente cautivada con las palabras plasmadas en la misma. El escrito data del 21 de abril de 1974 y está enviado desde Santurce, donde el joven que la redacta se encontraba realizando el servicio militar obligatorio. La trabajadora de la planta de residuos guardó la carta y se la entregó a su jefe al final de su turno y, gracias a eso, hoy podemos leerla al completo.



Como se puede ver en el texto, este comienza con el joven enamorado diciéndole a su amada que sólo quedan 19 domingos para verse de nuevo: “Ya verás qué felices vamos a ser”, le prometía él en unas líneas que ya han enternecido a toda la red.

De entre todas las cosas que se cuentan en la carta, el joven también explica detalles más íntimos como que, por ejemplo, se había cortado el pelo para que sus futuros suegros no se burlasen de él llamándolo ‘el melenas’.

El autor de la carta también le pide a su amada que convenza a sus padres de que la relación que mantienen ‘es seria’: “diles de mi parte que traten de conocerme un poco mejor ahora y si al cabo de algún tiempo siguen pensando lo mismo, yo mismo seré el que me retire, si es que de verdad no voy a hacerte feliz, aunque sé que esto no ocurrirá”, aseguraba.

El delegado de Residuos Sólidos Urbanos de la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol Occidental, Juan Luis Villalón, ha mostrado su extrañeza con que la carta esté tan intacta: “El papel y cartón que llega desde el contenedor azul se tritura en la cinta selectiva; pero en la de residuos sólidos urbanos es muy extraño encontrar hojas de papel completas porque se manchan y se rompen en contacto con el resto de residuos”, aseguró.

Aquí tenéis otra historia de amor de esas que te encogen el corazón:

A vosotros, ¿qué os ha parecido este descubrimiento? ¿Todavía enviáis cartas? 

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Fuente: La Vanguardia.