Trabajar como repartidor se ha convertido en una de las salidas profesionales más comunes entre los jóvenes en la actualidad (aunque hoy no entraremos a valorar todo el tema de la Gig economy). Subirse a una bici, activar una aplicación y empezar a cobrar por entrega; un mecanismo relativamente simple que, como veréis en la historia de hoy, puede llegar a complicarse bastante.

Un joven mexicano, hace unos días, contó la tenebrosa y paranormal historia que vivió cuando trabajaba como repartidor para una empresa de delivery. Explicó su vivencia en un vídeo de TikTok que, como veréis, se ha convertido en todo un viral en la red social.

Marcelo explicó que, durante varios meses, estuvo trabajando para la empresa de pedidos a domicilio Rappi, muy popular en México. Un día, mientras se encontraba de servicio, recibió una alerta para un pedido cercano a su ubicación, por lo que lo aceptó y se dispuso a realizarlo.

«Eran las nueve de la noche. Me llegó la notificación de una entrega que estaba un poco cerca y decidí aceptarla. Luego de eso, puse la dirección en Google Maps y empecé mi viaje», relató @marcellogonz98 en el clip subido a su perfil personal en la red social china.

Por lo visto, al principio, como dice nuestro querido Jorge de ‘Te lo resumo’, todo iba relativamente bien hasta que empezó a ir relativamente mal. El móvil del joven empezó a parpadear y, de repente, la dirección del pedido había cambiado por completo.

«Asumí que yo me había equivocado de calle y que el mapa (Google Maps) simplemente había hecho una corrección. Pero sin darme cuenta, la dirección se había alargado por varios kilómetros más», señaló.

González, que lo único que llevaba como pedido era un cupcake, se empezó a poner nervioso. «De repente, ya no me encontraba en la ciudad, ya estaba en la carretera. ¿Quién pidió un cupcake tan lejos y tan tarde? Pero como ya estaba más cerca del lugar de la entrega que de regresar, decidí terminar el viaje», recordó el joven consternado.



Después del largo recorrido, Marcelo llegó a una zona rural con una entrada con forma de arco, cosa que, por lo visto, es bastante habitual en las haciendas de cultivo de agave.

«En el mapa me indicaba que ya había llegado a mi destino. Así que entré en el lugar. Al bajar, me di cuenta de que estaba iluminada con antorchas. La hacienda estaba en muy buenas condiciones. Había un establo con caballos. Yo pensé que estaba en una boda», señaló el tiktoker.

«Esperé por varios minutos hasta que las dudas llenaron mi cabeza otra vez. ¿Será esto una broma? ¿Me irán a secuestrar? Había leído de casos en los que hacían pedidos y la gente llevaba y los robaban o secuestraban. No iba a arriesgar mi vida por un cupcake, así que regresé», señaló el repartidor que, en ese momento (y como lo habríamos estado todos), ya estaba un poco ‘cagao’.

Cuando ya estaba a punto de darse la vuelta para irse a su casa, su teléfono volvió a parpadear: ahora, la dirección era otra: «El mapa me indicaba que me encontraba lejísimos de mi destino. Y que además no iba a llegar a tiempo para entregar el pedido». Ahora sí se dirigió a la dirección y pudo entregar el pedido.

«Le expliqué al cliente todo lo sucedido. Lo entendió y me dijo que no había ningún problema. Le llamó la atención que yo haya tardado tanto debido a que él estaba muy cerca de dónde yo había iniciado el viaje. Al terminar, me cobraron costo del envío a mí y asumí que había sido un error de mi teléfono y no le di importancia», relató.

La cosa se complicó todavía más

Pasaron unos meses y González contrató a unos carpinteros para que remodelasen una parte de su vivienda. Hablando con ellos, les contó lo ocurrido con aquel reparto y la ‘extraña’ situación que había vivido. «Una vez que se los conté, no se veían muy felices. Me preguntaron por dónde había manejado. Y yo les respondí que estaba cerca de una zona llamada Cholul».

Y es que esta zona, ubicada a las afueras de Mérida, según una leyenda, hay una hacienda embrujada… la misma que, semanas atrás, había visitado Marcelo por un ‘error’ de su GPS: «El lugar estaba abandonado desde hace años. Pero créanme que cuando yo lo visité, estaba como si nada: la pintura en perfectas condiciones e iluminada con antorchas. Cuando intenté regresar con mi hermano, el camino estaba completamente lleno de plantas».

El vídeo ha sido todo un éxito y, en este preciso momento, ya acumula más de siete millones de reproducciones… que se dice pronto.

A vosotros, ¿qué os ha parecido toda esta historia? ¿Alguna vez os ha pasado algo parecido? 

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Fuente: La Vanguardia.