Está claro que hay trabajos más valorados socialmente que otros. Además, debido al clasismo que tenemos interiorizado, parece que si no tienes como mínimo un grado universitario no eres absolutamente nadie. Es algo que pudimos ver claramente durante la pandemia, cuando aplaudíamos desde los balcones a los y a las sanitarias pero no a las cajeras y a los cajeros de los supermercados, al personal de limpieza de los hospitales y las calles o a las personas que nos cuidaban en casa, también imprescindibles para nuestra supervivencia.

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Algo relacionado con esta cuestión acaba de vivir en sus propias carnes una periodista de Bolivia llamada Karla Beahed Villaroel Vaca. Hace poco, la joven estuvo aprovechando su tiempo libre para vender sándwiches y empanadas a la salida de un centro de vacunación. Este trabajo lo había empezado, en realidad, su madre. Sin embargo, después de dejarlo, había sido retomado por su hermana, a la que Karla había decidido ayudar.

«En una entrevista de mis coberturas en los puntos masivos de vacunación me di cuenta que había mucha gente y que durante las mañanas no vendían nada. Ese día llegué de mi trabajo y para ayudar a mi hermana le dije que vendiéramos empanadas [en un lugar] que está a tres cuadras de mi casa», explicó.

«¿No te da vergüenza»?

Así que prepararon la comida, durmieron tan solo dos horas y se fueron a vender los alimentos. Tras un par de horas sin vender nada, Karla decidió coger los sándwiches y las empanadas e ir paseándose para ofrecérselas a las personas que estaban haciendo cola. Su hermana, con incredulidad, le dijo: «pero te van a reconocer, ¿no te va a dar vergüenza? La reportera, en efecto, fue reconocida por algunos vecinos, pero ella asegura que eso fue algo positivo que incluso le sirvió como ‘gancho’: «A quienes me reconocieron les pedía que me comprasen y así vendí todo, hasta los refrescos de canela que hice», relató.

Sin embargo, las críticas no tardaron en llegar. «¿Qué pasó Karla, el periodismo no te da la plata, tan bajo has llegado? ¿No te da vergüenza»?, le preguntó una conocida a través de Whatsapp al ver su estado, en el que también ofrecía empanadas a sus contactos. Karla decidió responderle: «¡No me da vergüenza, sin miedo al éxito!». Posteriormente decidió contar su experiencia en Facebook y empezó a recibir varios mensajes de apoyo y admiración.

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Los medios de comunicación tampoco tardaron en hacerse eco de la noticia, así que entrevistaron a Karla recientemente. Durante la entrevista, la joven periodista dijo que prefería no dar el nombre ni muchos detalles acerca de la conocida que la había criticado, pero compartió su historia para inspirar a la gente a intentar salir adelante sin ningún tipo de vergüenza por lo que hagan para lograrlo.



¿Qué te ha parecido esta historia? ¿Crees que generalmente miramos por encima del hombro a quienes tienen trabajos menos valorados?

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Fuente: La República