Hay quienes no muestran ni el más mínimo interés en la vida del resto… y quienes no pueden aguantar ni media hora sin salsear sobre los demás. Lo cierto es que el segundo grupo es mucho más común que el primero, pero… ¿por qué a la mayoría nos encanta cotillear sobre lo que hacen o dejan de hacer otras personas?

La revista Current Biology acaba de publicar un estudio que indica que el 65% de las conversaciones que mantenemos diariamente giran en torno a temas sociales (de los cuales 14% son estrictamente cotilleos). Un porcentaje para nada bajo, teniendo en cuenta que luego somos los primeros en criticar programas de la televisión en los que colaboradores y famosos se critican unos a otros.

Investigando sobre el cotilleo

La investigación juntó a diferentes grupos de seis personas y a cada una se les dio 10 dólares en diez rondas consecutivas. En cada una de ellas, la persona tendría que elegir entre poner el dinero en un fondo común o quedárselo. En el caso de ponerlo, el dinero se multiplicaría por 1,5 y se repartiría equitativamente. El juego, dicen, crea una tensión entre las personas más egoístas y aquellas que se comportan de forma cooperativa.

«Nuestra inspiración fue crear un escenario realista en el que pudieras ser miembro de una comunidad y verte afectado por las acciones de todos los demás miembros de la comunidad», aseguran. La finalidad del estudio, en definitiva, no era ver qué hacía cada persona a nivel individual con el dinero, sino observar cómo hablaban entre ellas del resto para saber quién había contribuido al bote común y quién se había quedado con el dinero.

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Salsear como algo positivo

En conclusión: el cotilleo o ‘intercambio de información’ puede entenderse como un instrumento de socialización que satisface nuestras emociones. ¿Cuántas veces has estado cotilleando sobre alguien con otra persona y eso os ha unido más? Lo malo es que la mayoría de veces el cotilleo se basa en resaltar aspectos negativos del resto. Además, ese vínculo reforzado con la persona con la que estamos criticando a otrxs puede ser bastante débil, ya que normalmente se crea cierta desconfianza: «Si habla así de mal de alguien, puede hacer lo mismo conmigo».

Sin embargo, en el New York Times podemos leer que, efectivamente, «hay más riqueza en el cotilleo del que estamos dispuestos a admitir». El hecho de que alguien comente algo negativo de otra persona también puede servirnos a veces para analizar nuestro propio comportamiento -sobre todo si somos personas dispuestas a mirar hacia nosotras mismas y reconocer fallos. Por otro lado, tal y como sostiene Martinescu, cotillear «tiene mayoritariamente buenas intenciones y ayuda a los grupos y a los individuos a funcionar mejor».

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Quizás podríamos empezar a ser menos tóxicos hablando mejor del resto, aunque sea a sus espaldas… pero seguramente esto también pueda tener ciertos intereses egoístas detrás. Y tú, ¿eres capaz de verle la parte buena a todo esto del cotilleo? ¿Te consideras muy chafardero/a?

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