Quizás pensabas que ya no quedaba absolutamente nadie ajeno a la globalización… y no ibas tan mal [email protected] Todos los países denominados como tales están conectados y son interdependientes entre sí de un modo u otro. Sin embargo, existe una isla cerca de la India que podría ser la excepción. Llamado ‘Sentinel del Norte’, este territorio de gran riqueza ecológica no tiene más de 70 kilómetros cuadrados y pertenece geográficamente a las Islas de Andamán. Sin embargo, la comunidad que habita en ella se encuentra, según dicen, «aislada» de cualquier sociedad moderna.

Se sabe que migraron hace aproximadamente unos 70.000 años de África y que son una de las muy pocas comunidades cazadoras-recolectoras del mundo. Asimismo, se cree que no conocen el fuego y que no saben cultivar tierras. Para cazar, pescar y defenderse usan lanzas, arpones y flechas. Su lenguaje es incomprensible para el resto del mundo.

Intentos de contacto

A pesar de los muchos intentos externos por entrar en la isla y conocer a sus habitantes (así como sus formas de vida), esta comunidad ha demostrado no querer tal contacto en numerosas ocasiones. Quizás la causa se remonta a finales del siglo XIX, cuando un oficial británico desembarcó en la isla con un equipo de rastreadores de comunidades andamanesas. Al principio no encontraron a nadie, pero cuando se cruzaron con una pareja de ancianos y algunos niños, los capturaron para llevárselos «en nombre de la ciencia». Al poco tiempo, los adultos murieron y los niños fueron devueltos a la isla con regalos. No sabemos cuántos sentineleses enfermaron o incluso murieron cuando los niños regresaron, pero es probable que estos les transmitieran enfermedades a su llegada.

Los viajes para llevar regalos continuaron durante años, pero no solían ir muy bien. En 1974, un director de cine intentó visitar el lugar para grabar un documental de National Geographic y recibió un flechazo en una pierna. En la década de los 90, una antropóloga llamada Madhumala Chattopafhyay logró, junto a su equipo, establecer un mínimo contacto con los isleños. Para ello, les dejaron cocos flotantes en la orilla, que por sorpresa algunos sentineleses fueron a recoger. Después del tsunami de 2004, las autoridades indias quisieron revisar en helicóptero las condiciones en las que estaba esta comunidad y recibieron algunos flechazos. En 2018, un estadounidense murió por una ráfaga de flechas cuando llegó a la isla con la intención de predicar el cristianismo entre ellos.

Su visita es ilegal

Actualmente sigue sin saberse exactamente cuántas personas hay en la isla. El gobierno indio intentó censarlos en 2001 a distancia y contabilizaron un total de 21 hombres y 18 mujeres, pero las estimaciones apuntan a que quizás podría haber hasta 500 personas. Su incursión hoy en día es ilegal, ya que el riesgo de que la tribu se contamine de enfermedades foráneas tan comunes como la gripe es excesivamente alto. La India reconoce su aislamiento, entre otras cosas, para no hacerse cargo de las muertes que pueda haber en caso de visitas ilegales.



Si bien algunos los han catalogado como feroces asesinos, la antropóloga Chattopafhyay decía acertadamente que lo único que necesitan es «que les dejen en paz». Y es que son personas que, en realidad, respetan el entorno natural y la vida mucho más que cualquier sociedad ‘moderna’. El trabajo de Survival se centra en presionar a la India para detener la pesca furtiva ilegal en sus aguas y garantizar la política de no-contacto.

¿Conocías la existencia de esta isla? 

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Fuente: BBCNational GeographicViajar