Quizás el tiburón blanco sea ese animal del océano que más miedo suele darnos. El cine no ha ayudado en absoluto a construir una buena reputación para este ser, pues todas y todos recordamos la mítica película de Steven Spielberg en la que un tiburón blanco ataca y devora sin piedad a los bañistas de las playas de Amity Island.

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En realidad, no es que los tiburones sean «crueles» ni nada por el estilo. De hecho, existen muy pocos ataques a bañistas… y, según Catalina Velasco Charpentier, «es más probable morir por causa del corcho de un vino espumante o tomándose selfies antes que por el ataque de un tiburón». Sin embargo, cada vez que conocemos una nueva especie de tiburón seguimos fascinándonos e imaginando que, quizás, su mordida podría devorarnos.

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Existe una criatura que habita el mar de Tanzania de hasta 4 metros de largo con una mandíbula gigante que fue registrado por primera vez en 1910 y descrito como «un tiburón grotesco con una nariz curiosamente alargada». A pesar de no ser uno de los tiburones más grandes, el llamado ‘tiburón duende’ es famoso por sus dientes triangulares afilados. No necesita de la vista para cazar u orientarse, ya que suele pasar la mayor parte de su vida en la oscuridad (a unos 120 metros de profundidad, aunque algunas investigaciones sugieren que podrían sumergirse hasta 1.300m), detectando campos eléctricos en la penumbra con órganos sensoriales que tiene en la mandíbula.

¿De qué se alimentan?

Este animal come principalmente peces más pequeños, calamares y crustáceos. Aun así, gracias a una mandíbula capaz de romper pedazos grandes carne con facilidad, puede alimentarse de más especies, aunque no de humanos. Esta parte de su cuerpo le resulta tremendamente útil, pues se mueve de adentro hacia afuera de la cabeza, de arriba hacia abajo y desde la parte inferior del ojo hasta debajo del hocico.

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El tiburón duende también es distintivo por sus colores y tonos de piel. Puede parecer que tenga heridas abiertas por las franjas rojas o rosa claro que a veces combina con el gris. Las pocas veces que es avistado en la superficie (ya que rara vez se dejan ver) suele ser de noche. Como decíamos, suele habitar el mar de Tanzania, aunque se han identificado más ejemplares sanos en Sudáfrica y Australia.

Seres imprescindibles

Si bien la carne de este tiburón no es consumida por los humanos, sus mandíbulas son un bien preciado en el mercado clandestino. Tal y como decíamos, los tiburones no son, en definitiva, los malos de la película… más bien lo somos nosotros. Como apunta Sandra Otoya, las personas matan cerca de 100 millones de tiburones al año, hecho terriblemente preocupante teniendo en cuenta que son imprescindibles para la salud de los océanos. Estos animales están en la cima de la cadena alimentaria a la que pertenecen, hecho por el que son considerados ‘depredadores tope’.



Los ‘depredadores tope’ tienen la importante función de equilibrar la población de sus propias presas y regular el balance de los ecosistemas marinos. Sin ellos, las especies herbívoras de un nivel más bajo comen sin control y pueden acabar con la vegetación del mar. De hecho, muchas veces son cazados precisamente para que las poblaciones de peces crezcan sin medida y así poder pescarlos. Por estos motivos, Melissa Cristina Márquez, científica de tiburones, comentaba: «no hay que temer a un mar con tiburones, hay que temer a un mar sin ellos».

Y tú… ¿Sabías de la existencia del ‘tiburón duende’? ¿Y de la influencia de los tiburones en los océanos?

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Fuentes: Endemico.org, Peru.oceana.org, Vix.com