Danna Ponce, más conocida en redes sociales como @danielagartija, se ha enfrentado recientemente a uno de los peores momentos de su vida. La influencer, de 26 años, se encontraba haciendo unas compras cuando, según relata, tres individuos empezaron a silbarle y, segundos más tarde, se acercaron hasta ella para tocarle el hombro. Ella intentó huir de los tres individuos, de entre 28 y 30 años, pero estos la persiguieron por todo el establecimiento.

Ella consiguió salir del recinto y se dirigió a su coche, donde se encerró y sacó el móvil para poder relatar la lamentable situación que acababa de ocurrirle. Como se puede apreciar en el vídeo, ella no logró contener las lágrimas: la impotencia y la rabia casi no le dejaban ni articular palabra.

Una experiencia lamentable

A los pocos minutos de contar su historia, Danna ha comenzado a recibir el apoyo de muchas otras mujeres que habían pasado por situaciones parecidas. La joven ha asegurado sentirse muy identificada con muchas de las historias que le estaban llegando y ha denunciado estos hechos que, sin ninguna duda, deberían desaparecer de nuestra sociedad.

«Me acaba de pasar una cosa que, de verdad, ya pasado el malestar y el susto que me ha generado… tengo una rabia dentro, una impotencia, o sea de verdad, qué puto asco. De verdad qué enferma está la gente, qué mal está la gente de la cabeza, cuánto energúmeno hay por ahí suelto y te lo juro que ahora mismo tengo una sensación, que tengo hasta ganas de ponerme a llorar, o sea, qué asco, te lo juro», explicaba Danna al principio de su historia.

Violencia e impotencia

Y es que es imposible no sentir una tremenda impotencia con todo esto: «Es que me ha pasado a plena luz del día. Es que estoy pensando que si yo me llego a encontrar con esta gente yendo sola volviendo a casa o estando por el centro de la ciudad sola en plena noche yo no sé lo que me pasa. Me da mucha impotencia. Me ha impactado mucho y me he puesto a pensar en lo que han sufrido muchas mujeres en su vida».

Ella fue a comprar unas bombillas y, mientras miraba unos espejos, empezó a notar que algo raro estaba pasando a su alrededor: «En la zona de los espejos había tres tíos que tendrían entre 28 y 30 y pocos años, así garrulitos y tal, y cuando me han visto han empezado como a silbarme y yo de esas cosas siempre paso. Bueno pues hasta ahí bien», comentaba la creadora de contenidos deshecha en lágrimas.

«Estaba viendo los espejos, he continuado y cuando me he dado cuenta los tenía detrás. De repente uno se me ha acercado y me ha tocado el hombro y le he dicho ‘déjame en paz’. Me he ido a otro pasillo y me perseguían todo el rato. Os lo juro que han estado como 10 minutos persiguiéndome sin parar, diciéndome cosas, hasta que me he ido a otra zona y de repente han aparecido otra vez. Me he ido a la caja a pagar y cuando han visto que me ponía en la caja se me han puesto detrás. Me ha dado mucho agobio de pensar que iba a salir e iban a salir esos gilipollas detrás mío», señaló Danna.





Pero es que la historia no acabó ahí, ya que estos hombres la esperaron a la salida: «Al final he pagado, han salido, han pagado y cuando han visto que yo todavía no había salido se han ido a un banco a esperar a que saliera».

A plena luz del día

Para poder llegar a su coche sana y salva, tu que ingeniársela como pudo… porque, por lo visto, esos hombres se creían en su derecho a acosarla: «Cuando he salido he fingido que iba hablando por el teléfono móvil y eso que estaba a plena luz del día. Si yo he sentido miedo imagínate a la gente que le pasa por la noche yendo por un callejón o su ciudad de noche y no haya gente alrededor. Me he subido al coche y lo primero que he hecho ha sido poner el pestillo».

Y es que, como bien dice Danna, esta no es una situación aislada: «Estoy llorando por la impotencia que me da que las mujeres tengamos que pasar por esta mierda porque nadie tiene derecho a perseguirnos, ni a tocarnos, ni a acosarnos, ni a decirnos mierdas. Me da muchísima impotencia porque a mí no me ha pasado nada pero si hubiera estado en otra situación por la noche igual sí me había pasado algo. Me da mucha rabia que hoy en día sigan pasando estas mierdas».

Como bien reconoce ella en un vídeo ya más calmada, lo mejor en este tipo de casos es pedir ayuda a alguien que se encuentre cerca, en este caso, a un empleado del establecimiento o al vigilante de seguridad. Pero es que es realmente lamentable tener que ir con ese nivel de planificación por el simple hecho de que unos infelices quieran amargarte la vida. Qué lástima todo.

Como siempre que tocamos estos temas, os recordamos que, ante estas situaciones, lo mejor es denunciar, porque nadie tiene derecho a tratarte como si tu vida valiese menos que la suya.

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Fuente: AS.

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