«¿Te gusta conducir?» – nos preguntaba el narrador del mítico anuncio de BMW. Quizás las personas que lo crearon no tuvieron en cuenta que más de un tercio de los conductores/as sufre al volante. Aunque también puede ser que lo supieran y aun así escogieran esta estrategia. De hecho, resulta extraño creer en estas cifras, porque la mayoría de personas parecen disfrutarlo muchísimo… o, al menos, eso dicen. Sin embargo, hay muchas otras a las que una carretera con tráfico, un pitido o aparcar pueden provocarles sudores fríos.

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Si te sientes identificado/a con esta descripción, puedes ir poniéndole nombre a tu problema: amaxofobia. Según Rolloid, esta fobia se basa en «el miedo a conducir llevado hasta un extremo patológico». Y no, no es una fobia poco común precisamente. Como decíamos, la sufren un 30% de los conductores y conductoras españolas (según un estudio realizado por el Instituto Mapfre de Seguridad Vial).

«¿Mujer tenía que ser?»

Desgraciadamente, las mujeres tienen el doble de posibilidades de sufrirla. Un estudio realizado por Attitudes en 2010 decía que 1 de cada 4 mujeres afirmaba sentirse muy ansiosa al volante, mientras que solo 1 de cada 5 hombres experimentaba esa sensación.

La explicación es sencilla: desde que somos criaturas, la diferenciación de roles de género coloca claramente a los niños en el mundo automovilístico. Se les regalan coches de juguete, videojuegos de conducción y se les bombardea con representaciones culturales (en el cine, en la publicidad, etc.) que potencian esta relación. En consecuencia, las chicas acaban sintiéndose inseguras en un mundo que, teóricamente, «no les pertenece».

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¿Cuántas veces hemos oído eso de «mujer tenía que ser» cuando alguien comete un error al volante? Desde luego, esto tampoco ayuda. Además, no es cierto que las mujeres conduzcan peor que los hombres. De hecho, los hombres son más arriesgados al volante, sufren más accidentes y estos son más graves que los ocasionados por mujeres (según un informe realizado por la Universidad Politécnica de Madrid y la Cátedra Eduardo Barreiros).

Causas y posibles soluciones

Pueden existir varios detonantes que provoquen la amaxofobia. Por ejemplo, haber sufrido un accidente con el coche o cualquier otro problema en la carretera, aunque no sea considerado algo muy grave de forma «objetiva».

A partir de ahí, puedes tener síntomas como ansiedad, taquicardias y dolores de barriga a la hora de conducir (si es que logras sacarte el carnet, porque en ocasiones estos síntomas aparecen ya en las prácticas y en los exámenes de autoescuela). También es cierto que, muchas veces, este miedo al volante se deriva de la manera de conducir del resto de usuarios, que puede provocarnos mucha desconfianza.

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Si bien no hay una cura específica para la amaxofobia, una solución puede ser acudir a un curso terapéutico de conducción para víctimas de accidentes de tráfico que sufren este problema (como los que organiza gratuitamente la Fundación CEA). Psicólogos y formadores viales coordinan las sesiones para ayudar a sus participantes a «superar su miedo, corregir situaciones de riesgo en carretera y solventar imprevistos al volante», según Rolloid. Otra posible solución es la de ir a una autoescuela especializada. 

Y tú… ¿consideras que tienes esta fobia? ¿O conducir te resulta fácil y seguro?

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