A finales del 2020 se hizo viral la experiencia del joven vasco Mikel Gómez, que decidió ir a clase con falda y tuvo que sufrir las burlas de sus compañeros y las llamadas de atención por parte de algunos de sus profesores, que además le mandaron al psicólogo. El estudiante decidió compartir su historia en las redes y acabó recibiendo el apoyo de alumnos y alumnas de toda España, que empezaron a vestir falda para ir a sus colegios con el fin de romper estereotipos de género. El hashtag que usaron para visibilizar esta problemática fue #LaRopaNoTieneGénero.

Sin embargo, una vez más, se ha demostrado que la ropa sí tiene género: el que le ponemos nosotros y nosotras – aun a día de hoy. Seguimos describiendo y percibiendo un determinado tipo de vestimenta como ‘masculina’ o ‘femenina’, y a nivel social seguimos castigando a toda aquella persona que elija el tipo de ropa que en teoría no le corresponde por su género. Recientemente, en la escuela de Pedrajas de San Esteban (Valladolid), un chaval ha recibido un insulto homófobo por el hecho de llevar una sudadera con dibujos manga.

Su profesor, Manuel Ortega (de 37 años), se alarmó ante lo sucedido y pensó en una solución para enseñar a su alumnado a respetar la expresión de género de cada persona. Finalmente decidió ir a clase al día siguiente con falda, aunque no sin antes pedirle apoyo a su jefe de estudios, Borja Velázquez (de 36 años), que decidió unirse a su propuesta e ir también con esta prenda al instituto. A través de esta acción, ambos docentes abrieron un debate en el colegio que se extendió a las redes, ya que compartieron en Twitter una publicación con una fotografía de ellos mismos junto a la frase:

«Un cole que educa en el respeto, la diversidad, la coeducación y la tolerancia. ¡Vístete como quieras! Nos sumamos a la iniciativa #LaRopaNoTieneGénero».

Según los profesores, gracias a esta iniciativa han notado un progreso positivo por parte del alumnado, basado sobre todo en un mayor respeto hacia los diferentes gustos de sus compañeras y compañeros. Y es que, precisamente, la clave puede estar en educar desde la infancia en sexualidad, identidad y expresión de género y orientación sexual. De esta manera, no llegaríamos a la edad adulta juzgando, por ejemplo, las expresiones que se salen de lo normativo.

Mucho camino por recorrer

Cuando hablamos de ‘expresión de género’ nos referimos a los atributos externos (como la vestimenta, el peinado, los gestos, etc.) a través de los cuales las personas se expresan en sociedad. Alguien que se maquilla, se pone falda y lleva el pelo largo, sea hombre o mujer, será asociado a la ‘feminidad’. Si bien estas relaciones deberían desvanecerse para evitar el binarismo y el sexismo, el camino hasta conseguirlo pasa por poder expresarse sin miedo a que te insulten o te peguen.



Cabe destacar también que aquello que se considera ‘femenino’ suele estar generalmente peor considerado por la sociedad y que, por ello, no suelen viralizarse los casos en los que una niña o una mujer se visten de forma no normativa. Además, deberíamos tener en cuenta que no basta con realizar una acción puntual un día. Como asegura Àlex Bixquert, coordinador del grupo de políticas trans de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Trans y Bisexuales, «un gesto no tiene capacidad transformadora, pero si se le suman decisiones activas se fomenta que los menores entiendan que ‘no hay nada de malo’ en ser como son».

Y tú… ¿Cómo crees que pueden lucharse estas causas?

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