El pasado miércoles,First Dates recibió la vista de dos comensales que dieron mucho juego. Por un lado teníamos a Jennifer, una barcelonesa de 24 años que trabaja como modelo erótica y de lencería y estudia a la vez. «Quitando el carácter soy un bomboncito, la verdad. Me dedico a todo lo que las redes censuran«, decía entre risas.

Ella confesaba que no había tenido suerte en el amor, pero que «había comido todo lo que había querido«. Su perfil de hombre lo tenía muy claro: «sobre todo moreno y tatuado porque una persona que no lleva tatuajes no sabe expresar sus cosas y está vacío. Le falta un poco de chispilla«, sentenciaba.

Por el otro lado estaba Abel, un frutero madrileño de 26 años con muchas aficiones que se presentaba de la siguiente manera: «me gusta cuidarme, hacer dieta, los videojuegos y sobre todo estar con mi gente, mis amigos. Salir de fiesta no, pero salir a tomar algo, reírnos«.

La primera impresión parecía haber sido buena, aunque Jennifer confesaba que no era el chico que se esperaba. Él, en una sala aparte, confesaba: «la ves y dices… me llama la atención. Te fijarías en ella. Esta chica está muy bien«.

Hablando de temas personales

Ya en la mesa, Jennifer le preguntó si tenía niños, algo a lo que él respondió que «no» y ella aprovechó por explicarle que tenía una niña de 5 años. «Yo sería buen padre pero mi prioridad no es la de tener hijos ahora mismo«, reconocía. Ella comentaba que a partir de los 30 años «cerraba la fábrica de nenucos«. En lo que sí coincidieron fue en el gusto por los animales… aunque no del todo.

Seguidamente empezaron a conversar sobre sus trabajos. Él, frutero, bromeaba con que «estaba harto de tocar melones«, y ella, en una sala aparte, mostraba su asombro: «Si te digo yo a lo que me dedico, a lo que estoy acostumbrada a tocar… mejor no te lo digo«.

Cuando ella le dijo en qué trabajaba, él se mostró dispuesto a probarlo: «trabajo contigo si quieres«. Ella comentaba que muchas personas al principio decían lo mismo y luego se echaban para atrás, pero él lo tenía claro: «hay que verlo«.  «Su profesión me parece muy digna, como todas las demás. Yo también lo he pensado muchas veces. Te ves bien físicamente y no estás haciendo nada malo a nadie… no hay ningún problema«, expresaba Abel.



Incompatibilidades patentes

Tampoco coincidían en sus planes de futuro; Abel quería un yate y ella quería ser una empresaria exitosa y de renombre para tener dinero y poder comprarse todo lo que quisiera.

Hacia el final, la conversación subió un poco de tono al empezar el juego de preguntas del programa. «Lugares extraños donde has hecho el amor«, leyó Abel. «Fua, fliparías«. «¿En la piscina?«, preguntaba él. «Eso no es raro«, respondía ella.

Luego venía la pregunta de si el tamaño importa… y Abel se mostró muy sincero al respecto: «Yo es que la tengo muy pequeña… tanto músculo, no se nota«. «Eso dicen de los tíos de gimnasio«, apuntaba Jennifer, aunque ya fuera del restaurante confesaba que no estaba de acuerdo.

«No tiene nada que ver con que vayas o no al gimnasio. Eso es anatomía. Si tu anatomía es agradecida Dios te lo agradece. Si no, te habrá dado otra virtud. Serás simpático, gracioso o algo, eso cada uno a lo suyo. Y sino, hay doctores muy buenos que te operan«.

A estas alturas, parecía que ambos no habían acabado de cuajar; sobre todo, después de las palabras de Jennifer en la sala. «No lo veo nada experimentado en el sexo. No sé si yo soy muy envalentonada… pero lo veo muy tranquilo a mi lado. Veo que podría enseñarle todo… mucho«.

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Fuente: cuatro