Una persona promedio utiliza su teléfono unas 47 veces al día. No sé si eso os parece mucho (es una auténtica barbaridad), pero es que ahí va otra cifra todavía más demoledora: el 85% de las personas mirará en al menos una ocasión su teléfono a pesar de estar hablando con amigos y familiares en ese momento. Y es que estamos enganchados a estos pequeños cabrones con pantalla y conexión a Internet.

Hoy, para darle una vuelta a la tortilla, veremos los efectos que tuvo en varias parejas el dejar de lado el móvil a través de la experiencia de ambas partes y cómo, a pesar de lo que podáis pensar, todo fueron ventajas (y es que nadie nace con un iPhone debajo del brazo).

«Estamos totalmente concentrados el uno en el otro»

“Soy Paul y tengo una relación con un adicto al teléfono. Me siento frustrado porque, en ocasiones, se tropieza por utilizarlo mientras camina y lo usa hasta cuando conduce. Personalmente, creo que la mejor manera de vencer una adicción es primero entenderla. Los ‘Me gusta’ en las publicaciones de las redes sociales desencadenan respuestas de dopamina que provocan una sensación de alegría«.

“Después de estar harto de usar tanto el teléfono, mi novio no pudo más y me sentó a tener una conversación. Establecimos una regla para seguirla los dos: los teléfonos, bien guardados en casa. Eso se aplica a ver televisión juntos, tener una conversación y cenar. Obviamente, podemos responder a un mensaje de texto rápido o algo así, pero nada más».

«Hemos creado zonas y tiempos libres de tecnología»

“El teléfono de mi novio llama más su atención que yo. He tratado de expresar esto con anterioridad, pero siempre se molesta y se siente atacado. Siento que muchas veces no podemos conectarnos y comunicarnos tanto porque él siempre está con los ojos puestos en la pantalla. Ni siquiera podemos dar un paseo o ver la televisión juntos sin que él revise su cuenta de Twitter».

“Muy al principio de la relación, mi novia se dio cuenta de que vivía enganchado al teléfono, por lo que llegamos a un acuerdo. Tenemos una cita nocturna todos los viernes y no está permitido el uso del móvil bajo ningún concepto. Usamos ese tiempo para hablar sobre nuestro día o simplemente cosas al azar. Además, cuando miramos una película en casa, no se permiten teléfonos».

«Pasamos más tiempo de calidad juntos»

“Mi esposo y yo decidimos instaurar una prohibición total de los teléfonos móviles durante una semana. Primero, establecimos algunas reglas básicas, que consistían en mantener nuestros dispositivos fuera de la habitación en todo momento mientras estábamos juntos. Además, tiramos de lo ‘retro’ y utilizamos un reloj analógico para saber la hora y un despertador de verdad para levantarnos por las mañanas. Fuimos a un concierto de Guns ‘N Roses, pasamos las tardes leyendo e incluso abrimos un club de lectura oficial para dos personas».



En lugar de sentarnos adentro y ver la televisión, hicimos un largo paseo en bicicleta hasta un restaurante nuevo de la zona. También pasamos toda la semana viendo sólo una hora de televisión en nuestro portátil. Aparte de eso, hemos desactivado todas las notificaciones automáticas para ayudar a limitar las distracciones y hemos designado el dormitorio como una zona libre de teléfonos móviles».

«Nos comunicamos mejor»

“Cuando estábamos juntos o sentados junto a nuestro hijo, ambos teníamos toda la atención en nuestros teléfonos. Ir a terapia para frenar nuestra ‘adicción’ fue lo mejor que pudimos hacer. Mientras trabajábamos con el terapeuta, implementamos los siguientes límites: no hay teléfonos en la mesa y siempre debemos mirarnos a los ojos cuando se hable de algo importante».

«Esto ha permitido que nuestra relación mejore porque estamos más en sintonía con los demás y con nuestros sentimientos. Ha ayudado a mejorar las cosas al permitirnos hablar de verdad entre nosotros en lugar de decir: «Oye, aquí tienes este video de YouTube que encontré por ahí».

«Somos más abiertos y honestos entre nosotros»

“Últimamente me he dado cuenta de que mi chico pasa todo su tiempo libre pegado a su teléfono, incluso mientras está viendo la televisión. La única vez que no está hablando por teléfono es cuando se está duchando. Yo, por otro lado, siento que no puedo iniciar una conversación cuando lo veo pegado a la pantalla. Lo veo como que hablo sola, como si él no estuviese presente».

“Mi esposo usaba mucho el teléfono en casa y hablamos de ello en las terapias prematrimoniales. Hemos acordado horarios sin teléfono y buscamos actividades en las que sea imposible (o muy difícil) usarlo: lo que más nos gusta es ir en bicicleta o caminar juntos, cosa a la que le dedicamos, como mínimo, cinco horas a la semana».

«Nos estamos enfocando en las necesidades de los demás»

“Trataba de hablar con mi novio sobre problemas serios y él se enfadaba o me ignoraba. Le dije que no era justo que yo tuviese que prestar atención a sus problemas, pero que él pasase de los míos. Después de hablar sobre el tema, llegamos al acuerdo de que, cada vez que nos contásemos algo, nos miraríamos a los ojos y nada más».

«Nos hemos centrado en reducir el tiempo que miramos pantallas para estar más tiempo de calidad juntos«.

A vosotros, ¿qué os ha parecido estas experiencias? ¿alguna vez os ha pasado algo parecido? 

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Fuente: Brightside.