Lissy, de 33 años, aterrizaba en ‘First Dates’ desde Valencia para conocer el amor. «Soy una chica del momento, soy espontánea, carismática, me gustan las pelucas, el maquillaje… Si una persona está conmigo va a tener muchas Lissys. Soy variedad en solo una persona«.

Lissy reconocía que tenía muchos pretendientes pero buscaba algo «que le prendara» y vivir una nueva experiencia. Buscaba un chico «sexy, que le guste hablar, compartir, viajar, trabajador y sobre todo que le guste conocer y experimentar cosas diferentes, sin tabúes en el sexo y en el amor«.

Su cita era José, un murciano de 35 años que se definía con las siguientes palabras: «Trabajador y degenerado. siempre trabajador, pero tengo mi lado degenerado«.  Solo ver a Lissy quedó ‘prendado’ de ella: «es un bollete significa caramelo, que está buena, que está dulce, dan ganas de comérsela. Para mí entera«, decía entre risas en una sala aparte.

Sobera bromeaba con que en realidad no era su cita, pero al descubrir la verdad ambos estaban encantados. «Lo primero que me pasó por la cabeza fue ‘sexy’. Este hombre es sexy, pinta a lo que yo quiero«, decía Lissy. Empezaron a bromear con sus uñas y la conversación se volvió un poco ‘salvaje’, así que se prepararon para ir a la mesa.

Sin pelos en la lengua

La cosa parecía fluir entre los dos; entablaron conversación rápidamente sobre su vida profesional y su vida privada y no faltaron los ‘cumplidos’. Una cosa llevó a la otra y cuando empezaron a hablar sobre ámbitos más íntimos, se dejaron llevar sin ningún tipo de tapujo.

«Yo soy fuego, no soy agua. Entro al ruedo pero rápido y toreo sin miedo. A mí mejor no retarme porque te topas con la iglesia«, confesaba José.



La temperatura sube…

Seguidamente Lissy le preguntaba si tenía tabúes y él era muy claro. «No soy delicado en nada, me encanta comer. Puedes tomártelo como quieras«, le respondía, algo que a ella le encantó. «Feliz y contenta porque me gusta que me coman. Me gusta que la persona coma, y él es un comelón«.

La conversación seguía subiendo de tono; él confesaba haberlo hecho varias veces en público y Lissy estaba encantadísima. «Me da mucho morbo. Me llama mucho la atención y me prende«.

Después tocaba ir al reservado donde bailaron intensamente y finalmente se fundieron en un largo y apasionado beso. Él, en un momento determinado, le preguntó si quería ver sus tatuajes… y la cosa no podía haber acabado de forma más ardiente.

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Fuente: cuatro