Conor McGregor es uno de los luchadores de MMA más famosos del mundo. El irlandés se ha ganado un nombre en este deporte gracias a su gran talento para el combate encima del ring, pero también a su temperamento, histriónico, alocado y narcisista: cada vez que abre la boca, sube el pan.

Solo hace falta recordar la polémica que vivió hace unas semanas y que os contamos en este artículo, después de que el luchador animase a su hijo pequeño a ‘partirle la boca’ a otro niño mientras se encontraban pasando la tarde en la piscina.

Y es que esa personalidad le ha valido tanto detractores como fans que, de una forma u otra, lo han encumbrado hasta el lugar en el que descansa hoy, ya bastante más apartado de los grandes combates. Y es que Conor es, para lo bueno y para lo malo, irrepetible… ¿o no?

Ahora, por partida ‘doble’

Hace unos días, un hombre que se hacía pasar por el luchador irlandés fue detenido por la policía de la ciudad británica de Surrey, acusado de suplantación de identidad y posesión y tráfico de estupefacientes. Y es que, cuando veáis las fotos, fliparéis: el hombre se parece un montón a ‘The Notorious’.

Mark Nye fue detenido y puesto bajo disposición judicial después de que los agentes lo pillasen intentando deshacerse de su teléfono y un cargamento de drogas que llevaba. Cuando la policía le preguntó por su nombre, este les dijo que se llamaba Conor, en un último intento desesperado de engañarlos y que lo dejasen tranquilo. Spoiler: no le funcionó.

Cuando los agentes registraron su móvil, encontraron que Mark utilizaba el nombre del famoso luchador para atraer a clientes y darle publicidad a su negocio de la droga con mensajes como: “Empresa McGregor […] la mejores drogas de Surrey”; una auténtica locura.

Pruebas fehacientes

Cuando registraron su casa, encontraron elementos propios de los laboratorios de drogas, como ácido bórico, el cual se utiliza para ‘cortar’ determinados tipos de narcóticos. También encontraron que el hombre poseía un arma blanca ‘de grandes dimensiones’.

Él, viendo la gran cantidad de pruebas que tenían en su contra, acabó por declararse culpable de los cargos que le imputaban y, a sus 34 años, tendrá que enfrentarse a dos años y nueve meses de prisión. Y es que la lección, como siempre en estas cosas, es que no hagáis el gilipollas.



A vosotros, ¿qué os ha parecido este surrealista caso? 

Si os ha gustado este artículo recordad que, más abajo, podéis disfrutar de otros que, con casi total seguridad, os resultarán igualmente entretenidos… o eso esperamos, porque la verdad es que los hemos hecho con mucho cariño.

Fuente: Conor Mcgregor – Mi Brújula.