Pasar por quirófano ya es una práctica bastante habitual en la gente que no está contenta con alguna parte de su fisionomía. Esto, que antes solo estaba al alcance de las estrellas de Hollywood y los que vivían en la ‘zona buena’ de tu ciudad, ahora se ha democratizado hasta al punto de que hay clínicas estéticas en casi cada esquina y con precios de lo más accesibles (si no es que te ofrecen la posibilidad de financiarte a plazos los implantes).

De todas las prácticas que se realizan en este mundillo de la silicona y los huesos limados, las inyecciones de bótox o el ácido hialurónico son dos de las más comunes. Este tipo de procedimientos, a pesar de que se usan mayormente para retoques meramente estéticos, también pueden tener una aplicación médica.

Más allá de lo estético

Este es el caso de Montana Morris, una joven que, a raíz de los fuertes dolores en la mandíbula derivados de su trastorno ATM (trastornos de las articulaciones y de los músculos temporomandibulares), recurrió al bótox por recomendación de su médico ya que, más allá de para rellenar labios, este producto también sirve como calmante.

Ella decidió probar este método antes de pasar por un tratamiento más ‘invasivo’, pero, por lo visto, eligió mal la clínica en la que hacérselo: “El que me lo inyectó me dijo que tendría resultados en una semana o dos, pero mi cara ya se estaba paralizando a los cuatro días, así que sabía que iba a pasar algo malo”.

Drama viralizado

Ella misma contó su historia en un post de TikTok (@meetmonty) que, ahora mismo, acumula ya más de 9.6 millones de reproducciones. En el clip muestra cómo su cara, en apenas un par de meses, ha cambiado casi por completo después de que la clínica en la que le hicieron el tratamiento metiera la pata hasta el fondo: le inyectaron bótox de más y en el lugar que no tocaba, paralizándole todos los músculos de la cara.

Según ella misma explica, «ha perdido la sonrisa». Y es que sus hoyuelos eran una de las partes favoritas de su rostro y, ahora, han desaparecido casi por completo. Eso sí, esta parálisis facial la afecta solo a nivel estético: “Debido a la parálisis, he tenido bastante atrofia muscular, por lo que masticar ciertas cosas me es más difícil”, explicaba en el vídeo.

De juzgado de guardia

Ella cree que la persona que le inyectó el producto en la cara no era especialista en el tema y que, básicamente, jugó a la ruleta rusa con su rostro, generándole estas importantes secuelas que están condicionando su vida por completo.



Ahora que ella se ha informado mejor del tema, también se ha percatado de que la recomendación original de su médico tampoco era la más acertada ya que el bótox, por lo visto, no ayuda a tratar el ATM, sino solo funciona como calmante. Una auténtica cadena de negligencias médicas.

La buena noticia es que el efecto del bótox, previsiblemente, irá mitigando a lo largo de los próximos meses (esperemos que no demasiados) y Morris podrá ir recuperando el control de su rostro y, sobre todo, su sonrisa.

A vosotros, ¿Qué os ha parecido esta historia? ¿Conocéis a alguien que le haya pasado algo parecido? 

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Fuente: La Vanguardia.