Por un lado teníamos a Sergio, de 28 años, quien llegaba al restaurante de First Dates describiéndose como un «nini» especial. «Soy un nini nini, ni estudio ni trabajo, ni quiero ni lo intento«. Aficionado a los tatuajes desde los 15 años, le volvía loco la tinta y no solo en su propio cuerpo. «Es ver una mujer tatuada y se me van los ojos. Ves a una mujer desnuda con las piernas tatuadas y dices… aguanta«.

Él esperaba que llegara una mujer que le rompiera los esquemas. «Tiene que ser fiel, hacerme reír, atenta, cariñosa«, le explicaba a Carlos Sobera. Fuera de cámaras, soltaba que también se fijaba en ciertos rasgos físicos: «un buen culo… y unas buenas tetas también«.

Por otro lado teníamos a Michelle, una alicantina de 23 años que había sufrido infidelidad en sus dos últimas relaciones. «Me gustan morenos, con tatuajes, más altos que yo, y a la hora de la forma de ser, que sean cariñosos, sobre todo que me hagan reír, que sean sinceros y fieles«. Al menos, ambos buscaban lo mismo.

Conociéndose poco a poco

Ya en la mesa, empezaron a hablar de su vida amorosa en los últimos años. «De los 18 a los 21 he sido un golfo total, y a los 21 me volví a pillar por la última chica con la que estuve. Hace ya un año que no estoy con ella, la he visto pero no estoy con ella«, explicaba él. Michelle, escuchándolo, tenía la sensación de que él no la había superado aún. Él insistía en lo contrario: «Superado, sí. No lloro por lo que pasó con esa persona, pero en un momento cariño que me hace falta la recuerdo a ella«.

Michelle también era sincera y le contaba su experiencia después de que su última pareja le fuera infiel. «Yo durmiendo con mi pareja y él hablando con la otra, a mi lado«, contaba. «Hay que ser c***** para hacer eso. Yo le tiro la mesita encima«, decía Sergio.

La incomodidad entra en escena

La conversación fluía entre los dos y Sergio sacó el tema del sexo para conocer los gustos de Michelle. «A mí me gusta que me den caña«, decía ella. «Hacer el amor que se quite a un lado, no? A ti te gusta duro no?«, preguntaba él. «Exactamente«. Sin embargo, la cosa no iba a quedar ahí…

Y es que parece que a él le gustaba mucho hablar de la intimidad e intentaba reconducir los temas de conversaciones hacia el sexo. «Yo soy del mañanero, del después de comer y el de antes de dormir. Yo tengo un don con la lengua«, empezaba. Michelle no salía de su asombro: «Me he quedado sin palabras. Es un tema que a mí me incomoda bastante y no considero que eso se tenga que decir en una primera cita«.



Y es que Sergio fue muy explícito e incluso bromeó con el plato de almejas que se había pedido en el restaurante; al final, todos los comentarios acabaron echando para atrás a Michelle. «Se ha pasado un poco. Se ha lanzado quizá demasiado en una primera cita«, declaraba ella fuera del restaurante.

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Fuente: cuatro