Paula llegaba al restaurante del amor de First Dates muy alegre y segura de sí misma preparada para dar caña en el programa. «Soy una chica que llama la atención, voy por la calle y todo el mundo me mira. Igual por mi altura, porque soy rubia, por mi cuerpo, por mi culo, lo que sea, pero me miran y me encanta llamar la atención».

Eso, según ella explicaba, generaba envidia en las personas de su alrededor. «Si la gente me mira y le gusto es por algo, y si no le gustas tú, hay muchos peces en el mar».

Dejando atrás su anterior ‘yo’

Todo esto le suponía a su vez un problema: que «nadie la ve como algo serio«. «Me ven una vagina con patas. Solo buscan sexo y yo tengo mucho que ofrecer«. Carlos Sobera le preguntaba si su imagen de mujer explosiva y guapa le afectaba, y ella lo tenía muy claro: «sí, me perjudica, pero me lo paso muy bien«. Ahora está buscando una relación seria con planes de futuro y de vida con una persona que sea especial y, sobre todo, «con chispa y activo«.

Su cita iba a ser Álex, un estudiante de publicidad de 20 años de edad que esperaba «encontrar a una persona con quien se pueda hablar, charlar, pasar un buen rato y, sobre todo, reír y disfrutar». «Me encanta como viene vestido Álex, es el prototipo en el que me fijaría«, decía ella. En principio, la cosa parecía cuajar.

Todo encajaba

Ya en la mesa, hablaban sobre sus hobbies; a él le gustaba ir al gimnasio y ella le explicaba que había sido campeona de relevos de atletismo hace unos años. Y, sobre el tema de la fiesta, Paula se sinceraba con él: «Yo antes era de esas; decía ‘aquí me tienes’ y me daba igual quién pasaba‘».

De hecho, Paula contaba que Álex podría ser el perfil con el que tener algo durante una fiesta. «Yo con dos cubatas me pongo cachonda yo sola, y cuando voy cachonda, Álex podría ser un punto fijo de: allá voy«. La cosa parecía cantada.



La conversación sube de tono

A partir de aquí, ambos empezaron a soltarse y a hablar del sexo, algo que a Álex le hacía un poquitín de corte. «¿qué es lo que más te excita?«, «¿con qué frecuencia te gusta tener sexo?» y «¿cuáles son tus talentos sexuales?» fueron algunas de las preguntas que respondieron… y Paula no se cortó en absoluto. «A mí lo que me gusta es cantar, con el micro. Ya me entiendes. El karaoke«, confesaba ella.

Tras echarse unos bailoteos, tocaba ir al reservado a abrir los mensajitos del programa para ponerse a prueba. «Un beso de película», «un beso en el cuello» y, finalmente, «un masaje»…. Y la temperatura iba subiendo. «Yo solo te digo que me llaman manos de oro porque juego muy bien al parchís«.

El masaje de oro

Álex se tumbó bocabajo en el sofá mientras ella se preparaba; se quitaba el cinturón y hacía unos pasos de baile antes de empezar. «Olé tú, niña«, soltaba Álex mientras ella bailaba. «Oh, dios mío, dios mío«, repetía durante el masaje. ¿La decisión final? Totalmente inesperada.

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Fuente: cuatro