La mayoría de los que estamos leyendo esto nos identificaremos con la siguiente conducta: nos levantamos de la cama y nos dirigimos con total seguridad hacia una zona concreta de nuestra casa, como la cocina o el salón y, una vez ahí, nos preguntamos ‘¿por qué diablos he venido?’.

Esa sensación de haberte desplazado con un objetivo concreto, para después olvidarlo de repente, es algo bastante más normal de lo que podríamos pensar en un primer momento. Es frustrante, pero no es algo de lo que deberíamos preocuparnos en exceso.

El ‘efecto puerta’

Hace ya cosa de una década, unos expertos de la Universidad de Notre Dame explicaron este fenómeno como una consecuencia del ‘efecto puerta’ el cual, como su propio nombre indica, consiste en olvidar por completo algo justamente al cruzar una puerta. Esto es algo que puede pasar con una puerta física, como la que separa nuestro pasillo del salón, pero también al cerrar o abrir una pestaña del ordenador: «¿qué iba a buscar?».

Esto nos podía dar un primer indicio del motivo, pero ahora ha llegado la Universidad de Bond, en Australia, y ha descubierto que, a pesar de que este efecto existe, la cosa es bastante más compleja.

El cambio de contexto

Y es que no solo se trata de ‘atravesar’ una puerta, sino también del cambio de contexto que se da entre un ambiente y el otro, ya sea una cuestión física o digital. Ahora, con estos nuevos estímulos, el cerebro empieza a asimilar una nueva información, pudiendo considerar como relevantes cosas que antes no lo eran y viceversa.

Para poder profundizar en este estudio, los investigadores de la universidad australiana decidieron experimentar con cuatro grupos separados: a dos de ellos les hicieron las pruebas en el mundo real, mientras que a los otros dos se las hicieron equipados con gafas de realidad virtual en entornos completamente ficticios.

Todos los grupos realizaron una prueba que consistía en hacer que los sujetos memorizasen una serie de objetos dispuestos en una mesa. Luego, estos objetos se colocaban en otra mesa, siempre en el mismo orden. En algunos casos la mesa estaba en la misma habitación, pero en otros se colocaba en otra habitación y los sujetos tenían que atravesar una puerta automática para acceder a ella.





Apretar un poco las tuercas

¿Qué fue lo que descubrieron? Pues que no había ningún cambio significativo respecto al hecho de atravesar o no la puerta cambiando de ambiente/contexto.

Para estirar un poco más el chicle, los investigadores pidieron a los participantes que, mientras realizaban el trabajo de retención de memoria, hiciesen otra tarea de conteo que no tuviese nada que ver con los objetos de la mesa. Con ese nuevo factor, la cosa cambió notablemente.

En esencia, la memoria de los participantes sufrió una especie de ‘sobrecarga de información’, cosa que los llevó a estar más susceptibles de cara a olvidarse de cosas cuando les tocó atravesar la puerta.

Y es que esa es la clave de todo: la distracción. Nuestra atención no es perfecta y, cuando tenemos demasiada información en la cabeza, solemos olvidarnos, al menos de forma inmediata, de una gran parte de ella… y es cuando surgen los ‘despistes’.

Vivimos sobreestimulados y eso hace que, al menor cambio de contexto (cruzar una puerta a un ambiente nuevo/diferente), podamos olvidarnos de cosas ‘secundarias’ que transiten por nuestro cerebro en un momento determinado. Si no nos paramos a darles importancia, lo más probable es que se diluyan en la memoria a la primera de cambio.

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta explicación? ¿Acostumbráis a experimentar este fenómeno? 

Si os ha gustado este artículo recordad que, más abajo, podéis disfrutar de otros que, con casi total seguridad, os resultarán igualmente entretenidos… o eso esperamos, porque la verdad es que los hemos hecho con mucho cariño.

Fuente: La Guía del Varón.

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