Mara y Susana, tía y sobrina, llegaban al restaurante de First Dates juntas en busca del amor. Nos centraremos en la cita de Mara, una mujer de 52 años a la que le gustaba bailar, leer e ir a la playa. Su sobrina explicaba sus gustos en los hombres: «Le gusta sobre todo un chico que le haga reír. Si puede ser guapo mejor, le gusta un caballero ante todo. Más altos que ella. Pero, sobre todo, que la ganen con el corazón, sonrisa y cabeza«.

La cita de la primera iba a ser Antonio, un hombre de 55 años que no acababa de entender su ‘suerte’ en el amor y explicaba lo importante que era el físico: «A mí me suelen dejar las chicas que están conmigo. Tengo ese destino. Sin embargo, después quieren volver. Cuando ves a una mujer y no la conoces siquiera no tiene otro material; tú la ves físicamente, ¿qué te va a entrar sino?«.

La primera impresión

A primera vista parecía que la cosa entre los dos gaditanos empezaba bien y Antonio no dudaba en expresar que le había llamado la atención desde el primer momento. «Una chica guapa, rubia, delgada, buen tipo. A mí me ha gustado«.

Ya en la mesa, empezaron a hablar sobre su situación familiar; él, soltero con un hijo de 15 años; ella, divorciada y con un hijo de 20.

El momento de máxima tensión

En un momento determinado de la cita, ella le explicaba que su sobrina estaba en la mesa de al lado teniendo una cita. «Qué guapa tu sobrina«, decía él.

Y, seguidamente y tras avisar de que era una pregunta un poco indiscreta, soltaba una frase realmente penosa: «tu sobrina está operada, ¿no?«. Ella no podía salir de su asombro…  

«Sí que es indiscreta«. En una sala aparte, expresaba cómo se había sentido: «Me ha parecido una pregunta que no procedía. Obviamente no le he contestado ni sí ni no, porque creo que no le importa. esto no me ha gustado para nada. me ha echado muchísimo para atrás. me parece muy indiscreto. No me he ido por educación«. Él, en otra sala, se daba cuenta del error: «Ha sido un error. Una vulgaridad«.



 

Se acabó el «buenrollismo»

A partir de ese momento, la conversación iba a brillar por su ausencia. Y es que, por si fuera poco, durante la cita, Antonio estaba pendiente de mil cosas excepto de su cita.

«Creo que he sido cortante porque no me ha sentado bien. Se ha dado cuenta porque a raíz de eso ha sido todo más silencioso». Un ejemplo de ello es que él estaba hablando de viajar cuando Mara lo interrumpió porque necesitaba ir al servicio.

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Fuente: cuatro