El primero en entrar al restaurante del amor era Alberto, un madrileño de 31 años que aseguraba «no ir de Brad Pitt por la vida«. «No voy de Brad Pitt porque no lo soy ni Dicaprio, pero tengo éxito con las mujeres, me es fácil conocer a una, a otra. Me gusta estar con bastantes mujeres«. Y destacaba ser «un tipo diferente al resto» por ser polifacético; entre sus aficiones, la música, y no dudaba en hacer una pequeña muestra.

Sobre sus gustos en el amor, afirmaba que le gustaban «las mujeres femeninas, que se cuiden, que sean simpáticas, agradables, que sepan tratar a un hombre. Físicamente, que sean exuberantes, con buen cuerpo, con curvas, exóticas. Jennifer Lopez por ejemplo es mi prototipo ideal». Y confesaba ser «una bala perdida en el amor» y «ser infiel».

Saray (apodada Mulatti) llegaba al restaurante con mucha energía y las ideas claras. «Lo que me hace ser diferente no es el ser guapa, es mi color de piel, y estoy muy orgullosa«, reconocía la valenciana. Su padre era de Sierra Leona y su madre, «de la terreta«.

La cosa cuajaba

Entre los dos hubo feeling desde el primer momento. Ambos se consideraban «polifacéticos» y ella aseguraba ser muy mal pensada cuando él le decía, por ejemplo, que era «multiusos» o que tenía «la mano calentita» . «Madre mía, me van a matar en casa«, decía en la sala.

Mulatti le preguntó por el tipo de música que hacía y volvieron a coincidir, en este caso, en sus gustos musicales: el rap era la pasión de ambos. Y no solo por el género, sino por los artistas. «Si ya me habías ganado antes ahora más«, le decía ella. «Me encanta. Es que sus gustos musicales son los mismos que los míos«.

Un Antonio Recio en su vida

A continuación empezaron a hablar de sus relaciones anteriores y él le confesaba que solo había estado con mujeres extranjeras. Mulatti le preguntaba si había estado con alguna mulata… Y es que a ella eso le encantaba.

«Tengo que acabar con alguien como Antonio Recio (el personaje de Jordi Sánchez en ‘La que se avecina’), que las mulatas son su perdición, eso es lo que quiero yo en un hombre. Que su tipo sean las mulatas y las tenga como diosas», admitía.



Un reservado muy ‘hot’

La conexión entre Alberto y Mulatti era patente, así que en el reservado la cosa continuó yendo bastante bien. Ella le pidió que pusiera su canción y fue muy sincera: no le había gustado (la canción, claro), pero él se lo tomaba muy bien.

Empezaban a bailar y ella no podía aguantarse la risa de ver cómo bailaba él y cómo se le acercaba. «Hay un límite cari que te acabo de conocer» decía ella, pero, a la hora de jugar con los papelitos del programa, se dejaba llevar dándole un piquito, un beso en el cuello y otro en el pecho.

En la decisión final, como os podéis imaginar, también coincidieron:

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Fuente: cuatro