La montaña es uno de los lugares más hermosos y mortales que hay en toda la tierra. La gente que se dedica a practicar actividades en esos escarpados terrenos se la juega en cada expedición, teniendo que tomar siempre una gran cantidad de precauciones para poder volver sanos y salvos a casa… pero ni así siempre están a salvo.

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Cuando hablamos de montaña y nieve, siempre hay un factor de suerte del que no podemos escapar. El azar de la naturaleza es caprichoso y a veces nos toca pagar. Y esto fue lo que le pasó al protagonista de nuestra historia de hoy (aunque, por suerte, todo ha acabado en un final feliz).

Lo que empezó como una mañana tranquila…

Edouard Bozon se encontraba esquiando con un grupo de amigos cuando su vida estuvo a punto de escapársele de las manos. Como veréis en el vídeo que os dejamos más abajo, el aventurero tuvo que vivir unos minutos de auténtica angustia hasta que, finalmente, fue rescatado gracias a sus compañeros y a los profesionales de salvamento.

Todo comenzó cuando Bozon y uno de sus compañeros se separaron del grupo para realizar un descenso ‘más arriesgado y peligroso’. Por lo que podemos ver en las imágenes, todo va bien hasta que su compañero, que vas más atrás, provoca una pequeña avalancha de nieve.

El precio de la imprudencia

Los nervios invaden al protagonista de la historia y, de repente, la nieve se lo traga, cayendo en una grieta de más de tres metros de profundidad que no era visible desde el exterior. En ese momento, empieza el pánico y el angustioso intento del esquiador por salvar su vida y no acabar sepultado en ese agujero helado.

Una de las primeras cosas que pasa por su cabeza es que, en caso de avalancha, quedará completamente enterrado en la nieve. Además, y por lo que se desprende del vídeo, quedó gravemente lesionado de una rodilla, por lo que su movilidad estaba seriamente perjudicada (luego explicaría que se trataría de una rotura de ligamento).



Podemos ver cómo el aventurero no sabe cómo salir de ese agujero, ya que lo único que lo rodea es nieve. Su compañero acaba por dar con él y, desde arriba, le acerca uno de sus bastones para intentar ayudarlo a salir ya que no disponen de ninguna cuerda. Todo esto con el miedo de fondo de que hubiese un desprendimiento y se provocase una nueva avalancha.

Minutos que parecían horas

Después de varios minutos de infructuosos intentos, Edouard consigue salir con la ayuda de un pequeño pico y el auxilio de otro esquiador que se encontraba por la zona y que acudió al rescate.

Ya en el exterior, el esquiador puede ver cómo, por la ladera de la montaña, un helicóptero de rescate acude en su ayuda, llevándoselo finalmente a la seguridad de un hospital. Todo esto quedó registrado gracias a la cámara que llevaba instalada en su cabeza. El vídeo, como os podéis imaginar, sirve para enseñarle a la gente lo que NO hay que hacer en una excursión de estas características.

Aquí os dejamos el vídeo del momento

A vosotros, ¿qué os ha parecido toda esta ‘aventura’? 

Si os ha gustado este artículo recordad que, más abajo, podéis disfrutar de otros que, con casi total seguridad, os resultarán igualmente entretenidos… o eso esperamos, porque la verdad es que los hemos hecho con mucho cariño.

Fuente: La Vanguardia.