Puede que el término negging no os diga nada, pero si os decimos frases como «Luces muy joven para tu edad», «Estás muy bien para la edad que tienes», «Me gusta tu vestido, se lo he visto a muchas chicas. Debe estar de moda»… puede que ahí sí ya os hagáis una idea de lo que estamos hablando: frases aparentemente bienintencionadas, pero que, en realidad, esconden algo mucho más ‘peligroso’ o ‘dañino’.

Este neologismo busca agrupar así este tipo de comentarios que, en la era digital en la que vivimos, ha cobrado más presencia que nunca, sobre todo en lo que se refiere a las interacciones dirigidas a ‘ligar’.

¿Dónde nace este término?

El término negging tiene su origen en una práctica muy popularizada en los años 90: los ‘coach de ligue’; personas ‘especialistas’ en enseñar a la gente, sobre todo a los hombres, cómo pueden hacerlo para ligar más y mejor… siempre según ellos, claro.

Dentro de las ‘técnicas’ de ligue que enseñaban, estaban estas frases, pretendidamente persuasivas, y que tenían una clara base misógina, manipuladora y que, potencialmente, podían resultar de lo más violentas.

Una ‘fórmula’ para conquistarlas a todas (supuestamente)

Este tipo de ‘coach’ buscaba dar con una especie de ‘fórmula científica’ que permitiese que los hombres ligaran sí o sí al decir una serie de frases prefabricadas que, al llegar al oído de la mujer, hiciese inevitable que esta cayese rendida en nuestros brazos.

Erik von Markovick, creador de esta técnica, la definió como “un comentario negativo realizado con sutileza que lleva a bajar la guardia a la otra persona y cuestionarse su valor, aumentando el valor propio relativo”, como recogía un artículo del New York Time hace ya unos cuantos años.

«Pues en realidad pareces inteligente», «tienes la segunda sonrisa más bonita que he visto hoy», «Me encanta ese pantalón que llevas, pero puede que te vaya un poco pequeño, ¿no?»… y es que podríamos estar todo el día poniendo ejemplos COTIDIANOS de comentarios que, a pesar de que van disfrazados de halago, ocultan un mensaje envenenado que busca mermar la seguridad de la otra persona para hacerla más vulnerable.



Está entre nosotros

El negging sigue existiendo y, a pesar de que mucha gente lo utilice de forma inconsciente, quizás sin saber siquiera de su existencia, es algo que ha quedado muy arraigado a nuestra forma de hablar y de comunicarnos… pero no por eso es algo bueno o algo que no deberíamos esforzarnos en cambiar.

El objetivo con este tipo de frases siempre es el mismo (y es importante saberlo para ver si hemos sido ‘víctimas’ de ello): hacer que, al escuchar esas frases, algo de inseguridad crezca en nuestro interior. Una señal clara es que hasta puede que nos sintamos algo culpables: «si me ha dicho algo bonito, ¿por qué me siento así?»; la idea ya está sembrada en la cabeza.

Las personas más vulnerables

También, como habréis podido deducir, las personas que más fácilmente caen víctimas del negging son aquellas con una baja autoestima. Las inseguridades personales, tanto internas como externas, generan el ‘clima’ propicio para que alguien utilice estas técnicas con éxito.

La mejor forma de combatir con esto es, por un lado, aumentar nuestra autoestima (es fácil decirlo y no tanto hacerlo, lo sabemos) y, por el otro, saber que el negging existe y ser consciente de ello, de tal forma que podamos reconocerlo cuando lo veamos.

Si somos unas personas conscientes de nuestra baja autoestima y, sin embargo, detectamos que estamos siendo víctimas del negging, lo mejor es frenar en seco a la otra persona y, si no, directamente mandarla a tomar vientos. Será lo mejor para nuestra salud mental a medio-largo plazo.

A vosotros, ¿qué os ha parecido este fenómeno? ¿Os habéis enfrentado a él en algún momento de vuestras vidas? 

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Fuente: Código Nuevo.