Por culpa de historias como la que os traemos hoy, en ocasiones -más de las que nos gustaría-, cuesta creer que estemos en el siglo XXI. Hemos avanzado mucho en lo referido a la consecución de derechos sociales, pero todavía queda mucho camino por recorrer, lamentablemente.

El racismo, la xenofobia y la homofobia, entre muchos otros males, siguen aquejando a nuestra sociedad. El protagonista de nuestra historia de hoy, un joven natural de La Plata, Argentina, perdió el piso que ya tenía apalabrado y cuyo alquiler ya estaba casi cerrado por ser homosexual: «No alquilo a gays», le espetó el propietario de la vivienda antes de romper el trato.

No hay trato

Alexis Bianchi llevaba un tiempo buscando un apartamento para irse a vivir con un amigo (el clásico piso para compartir). Después de mucho buscar, encontraron uno que les pareció perfecto, por lo que se pusieron en contacto con el propietario, acordaron un precio, una fecha de entrada y todo parecía listo para cerrar el trato. De repente, el propietario, como bien se muestra en la captura de la conversación, le hizo una impertinente pregunta: «¿Son gays?», aquí, todo se fue al garete.

Preguntas impertinentes

Al parecer, este hombre ya había preguntado con anterioridad a Alexis si el compañero con el que se iba a mudar era su pareja, a lo que el joven había contestado negativamente. Pero luego todo se acabó por torcer.

“Me reía al principio porque en serio no podía creer que me esté pasando eso. Nunca me había pasado algo tan fuerte: que por mi orientación sexual no pueda alquilar un departamento. Aparte, es mi mejor amigo, no entiendo qué tiene de malo”, contó Alexis al medio argentino C5N.

El hombre justifica su decisión en que al lado ‘viven sus hijos’, como si la homosexualidad se tratase de una enfermedad contagiosa que hay que mantener a raya; un argumento propio del Medievo, pero que no debería tener lugar en las sociedades contemporáneas. Esto, claramente, se debe a un problema de base en la educación sexual que recibe la gente (o que no recibe).

Tristeza y rabia

“Me generó una sensación de odio, risa, tristeza. La captura se la pasé a mis amigos, hablé un poco con ellos y después la publiqué en Twitter como diciendo ‘miren lo que me acaba de pasar’”, continuó el joven.



Como os podréis imaginar, la historia de Alexis se viralizó al momento de su publicación. Él encontró la solidaridad y el apoyo en las redes, pero eso no le podía sacar la sensación de tristeza que lo había embargado por todo esto.

Este tipo de discriminaciones no hacen más que ahondar en los problemas de odio que siguen estando presentes en muchos sectores de nuestra sociedad. Para poder tener una sociedad tolerante, debemos ser intolerantes con la intolerancia. Si no, no avanzaremos.

El apoyo de las redes sociales

Alexis agradeció profundamente a todos los que lo habían apoyado a través de las redes sociales y que habían difundido su historia. Visibilizar este tipo de situaciones es la única forma de que, poco a poco, vayan desapareciendo de nuestra sociedad -esperemos que más pronto que tarde-. Este es un trabajo de todos, no solo de Alexis y la gente que, como él, sufre algún tipo de discriminación.

Finalmente y después de mucho pensárselo, Alexis decidió no denunciar al hombre para no aumentar el problema. Podría haber hecho uso de la ley para ‘castigar’ al homófobo casero, pero prefirió parar.

De igual forma, las autoridades ya han tomado conocimiento de la situación y, probablemente, actuarán de oficio.

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta historia? ¿Alguna vez os habéis tenido que enfrentar a una situación de discriminación de este tipo? 

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Fuente: Upsocl.