Samantha Rawley es una mujer estadounidense de 30 años que hace un tiempo llegó a pesar 164 kg. Intentaba perder peso de todas las maneras posibles; probó los métodos tradicionales pero no conseguía resultados. «Perdía peso pero lo volvía a recuperar al momento, y luego subía más de peso«. Finalmente, tras varias experiencias personales, decidió recurrir a la cirugía.

Hasta que dijo ‘basta’

La gota que colmó el vaso en su vida fue cuando se dio cuenta del tipo de relación que mantenía con su ya ex novio, quien se negaba a presentarla a sus padres y amigos porque estaba «demasiado avergonzado» de ella. Tras dejarlo, se percató de que debía empezar a vivir por ella misma y su salud.

Samantha se encontraba en una relación tóxica y no fue hasta que salió de ella que pudo ver las cosas con perspectiva. «Cuando salí de la relación fue cuando me di cuenta de que me podía centrar en mí misma. Yo era un secreto no solo para él, sino para otros chicos con los que he estado.

Cuando eres una chica obesa, algunos chicos solo te quieren en privado y eso puede estropear la seguridad de una persona. Salí con él durante unos dos años y nunca conocí a sus amigos ni a su familia«, explica Samantha.

El paso que necesitaba

«Por fin decidí empezar a vivir por mí misma y dejar de complacer a los demás. Sentía que había llegado al límite y quería un nuevo comienzo«. Dicho y hecho, se puso manos a la obra para trabajar en su salud física y mental.

Para ello se tuvo que someter a varias cirugías que incluían un bypass gástrico, una reducción de abdomen y un lifting de brazos y de muslos, entre otras. A pesar del dolor que sintió, asegura que «valieron la pena por tener el cuerpo de mis sueños«.



La importancia de la mente

Sobre lo más doloroso del proceso de pérdida de peso, Samantha lo tiene muy claro: «Diría que la mentalidad. Hay días en que todavía pienso que peso 164 kg y no estoy orgullosa de mí misma, pero luego hay días en que me siento muy segura y quiero decirle al mundo lo que he hecho«.

Y es que esto es un claro ejemplo de que no tenemos que olvidar que en este tipo de procesos la parte mental es esencial, tanto antes, durante como después. Cuerpo y mente deben unirse para conseguir el mismo objetivo: estar y sentirse sana. Es por ello que también debemos cuidar nuestra mente.

Más seguridad en sí misma

«Me he demostrado que he podido hacerlo. No estaba segura de si sería capaz de algo así, la verdad. Siempre pensaba que nunca podría hacerlo, y como también cambié la mentalidad, he podido abrirme a más gente y eso me hace muy feliz«, explica Samantha. Sin embargo, confiesa que todavía le queda mucho por trabajar. «Las inseguridades del pasado a veces se hacen presentes en mis relaciones y eso es algo en lo que tengo que trabajar prácticamente cada día«.

Ahora Samantha pesa 73 kg  y se siente feliz y a gusto con su propio cuerpo. A través de sus redes sociales, ha compartido el duro camino que ha tenido que recorrer hasta conseguir sentirse a gusto con su propio cuerpo y quiere servir de ejemplo para aquellas personas que tengan en mente perder de peso. Su mensaje es muy claro: «Quiérete sí o sí y quiérete a lo largo del camino«.

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Fuentes: IG @therealslimsammii – boredpanda