Emily Bauer, durante unos breves momentos, se convirtió en la camarera más feliz del planeta… pero la alegría, lamentablemente, le duró poco. Llevaba apenas un par de semanas trabajando en un bar de San Antonio, Texas, cuando recibió una cuantiosa propina. Al principio no le dejaron cobrarla, cosa que generó un intenso debate en las redes, pero, ahora, se ha descubierto de que no era más que un intento de fraude por parte del cliente.

Una alegría temporal

El domingo de la semana pasada, esta camarera, madre de dos hijos, estaba teniendo un domingo de esos de no parar: el local lleno de clientes y una larga cola para entrar. Ella pedía perdón por los retrasos e intentaba ser lo más amable posible con todos los que estaban esperando ser servidos.

Mientras que la mayoría de clientes fueron de lo más comprensivos, hubo uno que se mostró particularmente empático con la situación de Bauer: «Me dijo que era dueño de restaurantes y que sabía lo difícil que era servir mesas», contó al medio KVUE de Texas.

Un cliente aparentemente altruista

Después de esperar mucho rato, el hombre canceló el pedido que no le llegaba, pero pagó lo que ya había consumido, y con intereses: había pagado con tarjeta, dejando una propina de 2.000 dólares (unos 1.600 euros). Además, el hombre escribió «¡Feliz Navidad! ¡Sigue trabajando duro!» en el ticket; parecía una especie de ‘milagro de Navidad’. Pero no.

Al principio, la polémica giró alrededor de que, al parecer, el restaurante no permitía a los camareros quedarse con propinas mayores a 500 dólares, cosa que creó una gran indignación en Internet. La historia se viralizó y la mujer recibió el apoyo de toda la red.

Escándalo en las redes

Cuando, además, se supo que Emily no había ni recibido los 500 dólares, la gente ya prendió las antorchas para ir a por el propietario del restaurante… pero parece que este, en realidad, no era en absoluto el ‘malo’ de la historia.



Apenas unos días después de la polémica, se supo que, en realidad, no había ninguna propina. Fue el propio propietario del local el que explicó que los habían intentado estafar y que el pago que hizo el ‘generoso’ cliente no se había podido procesar de ninguna forma. ¿No tenía fondos? ¿Devolvió el recibo? Las autoridades ya están investigando esto.

Se destapó el pastel

Cuando se pusieron en contracto con el hombre, le pidieron que, si podía, dejase la propina en efectivo en el local, pero este no ha vuelto a dar señales de vida, por lo que la estafa parece bastante clara.

Como es lógico, la decepción de la camarera fue absoluta ya que, lo que parecía una historia con final feliz, ha acabado por convertirse en un drama triste. Pero, por suerte, hay un último giro final en todo esto -y es que la realidad, en muchas ocasiones, supera a la ficción-.

Un final feliz

En un acto de verdadero altruismo, fue el propietario del local el que le prometió a la joven que recibiría su propina. Además, el restaurante compartió en su Facebook una imagen del autor del fraude para ver si podían encontrarlo.

«Parece que la tarjeta del hombre que me dejó la propina era un fraude. He visto las pruebas. Acabo de hablar con mi jefe y me ha prometido 2.000 dólares como un regalo de Navidad», escribió Emily Bauer en su Facebook. También le recordó a la gente que ella no fue la que compartió originalmente la historia, y que en ningún momento su intención había sido la de perjudicar a su puesto de trabajo.

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta historia? ¿Creéis que ha tenido un final feliz? 

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Fuente: 20 minutos.