En un lado de la mesa teníamos a Alexander, un mallorquín de 35 años que llevaba la ‘maldad’ como bandera: «He sido el tío más malo de Mallorca con las mujeres», reconocía. «Me he ido con la que no sabe ella y lo saben sus amigas. He sido un golfo», sentenciaba.

En lo referido a la vida personal de Álex, la cosa también había sido bastante ‘movidita’: «Tengo un par de hijos con dos chicas. Con una me casé cuando tenía 19 años, y con la otra me casé hace seis o siete, pero ya no iba bien la cosa».

Claras preferencias

Sobre los gustos personales, Álex también lo tenía claro: le gustaban las gitanas. «No tengo diferencia entre payos y gitanos, pero la mujer gitana, como siempre ha sido más prohibida, siempre me ha llamado la atención». En lo referido a cómo había sido en pareja, también lo tenía clarísimo: «he sido un golfo«, reconocía ante la sorpresa de Lidia Torrent. «Mis chicas me han tratado bien y yo siempre les he fallado, pero he cambiado», aseguraba.

En el otro lado de la mesa íbamos a tener a Silvia, una mallorquina administrativa de 27 años que prometía ser ‘una locura’: «Yo soy muy echada para adelante; yo la vergüenza no la conozco. Que pase lo que tenga que pasar», aseguraba.

Las primeras impresiones no fueron demasiado buenas… al menos para Silvia: «Mi primera impresión no ha sido buena, la verdad», reconocía en el confesionario. «El moño… no. Yo lo he visto, y no», zanjaba.

«Quien golfo es, golfo se queda»

Él, por su parte, estaba bastante confiado con sus posibilidades: «Se le han quitado los nervios conmigo. Yo le he dado la confianza. Otro chico se queda recatado, pero yo me he soltado rápido: nos conocemos y si hay algo hay algo».

Cuando él le explicó que ‘antes era un poco golfo, pero que había cambiado’… ella no se lo creyó ni un solo segundo: «quien golfo es, golfo se queda», aseguraba. «Puede ser que haya cambiado, pero me cuesta mucho creerlo».



Álex sí parecía bastante a gusto con ella y, de hecho, llegó a decirle que se veía ‘muy sexy con las gafas’: «Me han encantado, son un poco como eróticas. Se parecen a ‘Sensación de vivir’, a la chica de las gafas».

Y es que él no tenía dudas: «Yo creo que ella sabe que soy un pieza, pero le he gustado. Le he gustado seguro», afirmaba en el confesionario.

En un momento determinado, el restaurante explotó en música y ella se echó a bailar como si no hubiera un mañana, demostrando que eso de mover las caderas no se le daba nada mal.

La cosa, como ya os podéis imaginar, no acabó demasiado bien para Álex, ya que él estaba bastante ilusionado… pero esto no se correspondía con lo que sentía Silvia. A pesar de todo, acabaron de bastante buen rollo.

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Fuente: Cuatro.