La economía mundial está muy resentida en prácticamente todos los aspectos que puede estarlo. La pandemia que nos asola ha dejado todo muy tocado y, cuando todavía quedan unos duros meses por delante, lo único que nos resta es remar todos juntos para poder ver la luz al final del túnel lo antes posible.

Un plato que se sirve frío

De entre todos los sectores que se han visto afectados en nuestro país, la hostelería es uno de los que más caro lo ha pagado. Entre los primeros meses de confinamientos y las posteriores limitaciones y cierres parciales (diferentes en cada Comunidad Autónoma), todo este sector se ha visto en una situación límite. Muchos restaurantes y bares hacen lo que pueden para mantenerse a flote, pero muchos otros han tenido que echar el cierre de forma definitiva.

Un par de ejemplos de donde la cosa está peor pueden ser Cataluña, donde los restaurantes llevan semanas solo pudiendo ofrecer servicio de recogida o domicilio, y el País Vasco, donde toda la hostelería tendrá que permanecer cerrada durante el mes de noviembre.

‘Ayudas insuficientes’

Este pasado fin de semana habréis visto en las televisiones que muchos hosteleros se echaban a la calle en varios municipios para protestar en contra de las restricciones y, sobre todo, de lo que alegan como una ‘falta de ayudas’ al sector.

En la capital vasca, sin ir más lejos, el lema era “No podemos más” y es que, según estimaciones de varios analistas, el sector hostelero de esta zona necesitaría unos 187 millones de euros para poder superar los cierres que se han impuesto a lo largo de esta segunda ola que estamos viviendo.

Lo bonito es que, a pesar de la oscuridad y el pesimismo que se está viviendo en este momento, hay gestos como el que ha tenido un cliente con los dueños del bar La Viña de San Francisco de Bilbao y que, sinceramente, nos devuelven la fe en la humanidad.



Fe en la humanidad restaurada

La cuenta de Twitter de una de las plataformas de promoción del turismo de Bilbao ha compartido la nota que les dejó una persona en el bar… y que es como para que se nos haga un nudo en la garganta:

“No puedo evitar que os obliguen a cerrar. Yo sí podré trabajar este mes. Así que he sacado la cuenta de lo que consumiría aquí en noviembre si estuviera abierto. Ya sé que esto no resuelve vuestra situación… Me hubiera gustado poder hacer esto el viernes 6, pero no podía pasar. Un abrazo muy fuerte”, rezaba el mensaje.

La nota que dejaba el cliente iba acompañada de algo de dinero, como puede apreciarse en la imagen, y se la encontró Patxi, el dueño del bar, el día que fue a apagar todas las cosas que quedaban de cara el cierre que durará varias semanas.

“Me ha dado energía para toda la vida”, aseguró el emocionado propietario al diario provincial El Correo.

A vosotros, ¿qué os ha parecido este gesto? 

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Fuente: El Huffpost.