La inseguridad es uno de los sentimientos más comunes en los seres humanos: a todxs nos ha afectado en alguna etapa de nuestra vida. Es sinónimo de falta de aceptación y confianza en uno mismo, en no creer que somos capaces de algo ni tenemos suficientes habilidades sociales o profesionales.

Debemos enfrentarnos a nuestros miedos y a nuestras amenazas y tener claro que la idea de perfección NO EXISTE. Sin embargo, hay personas que se sienten acomplejadas y tienen la necesidad de ocultar y disimular sus «imperfecciones», como por ejemplo granitos o manchas que tengan en el rostro.

Hoy nos gustaría contaros la historia de Amy Robb, una mujer que vivía obsesionada con el maquillaje hasta el punto de tener la necesidad de llevar el rostro maquillado a todas horas, incluso por la noche mientras dormía.

Se despertaba a las cuatro de la mañana cada día (dos horas antes de empezar su jornada laboral en la panadería en la que trabajaba) y empezaba su rutina. Se aplicaba corrector, base, bronceado, sombra de ojos, colorete, cinco capas de máscara y pestañas falsas.

Todo empezó a los 13 años de edad, cuando su prima le enseñó a maquillarse. Le encantaba la idea de usar base para cubrir sus granos y espinillas.

Amy siempre se había mostrado muy insegura con su apariencia y sufría trastorno dismórfico corporal, lo que la hacía verse menos atractiva de lo que realmente era. Durante la adolescencia tenía la autoestima muy baja, sufrió depresión y anorexia.





«Me pasaba horas maquillándome. Era una adicción, no podía parar. No dejaba que nadie me viera sin maquillaje. Iba a la cama maquillada si mi novio se quedaba a dormir, pero normalmente no podía dormir por miedo a que el maquillaje se me quitara y me viera sin él«.

«Llevaba una base extra fina, pestañas de ojos falsas y me teñía el pelo de rubia. Parecía una muñeca Barbie: delgada, con una larga melena rubia, muy bronceada y toda maquillada«.

«Creía que lucía mucho mejor con maquillaje. Soy pálida y tuve acné, así que estaba desesperada por cubrir mi rostro. Lo intenté todo, desde cremas a pastillas, pero nada parecía ayudar».

«Me sentía repugnante sin él. Mi rostro estaba cubierto de granos, sentía que la gente pensaba que era fea sin maquillaje y estaba muy incómoda en mi propia piel».

Las cosas siguieron igual hasta que decidió buscar ayuda para su trastorno alimentario. Tras intentarse suicidar en 2016, se dirigió al hospital y empezó a dar un giro a su vida. Poco a poco, fue adoptando un look más natural, quitándose el maquillaje mientras estaba internada.

«Estuve tanto tiempo sin maquillaje en el hospital que algo dentro de mí cambió. Ya no me molestaba en ponerme maquillaje. Pensaba: ‘¿Por qué debería llevarlo para que me valoraran?’

Solo quería ser yo misma y cuanto más tiempo estaba sin maquillaje, más cómoda me sentía. Me pongo una pizca de corrector y máscara, eso es todo. Ahora me siento muy feliz y libre«.

¿Qué pensáis de esta mujer? ¿Habéis vivido alguna situación similar? Nos podéis contar vuestra experiencia a través de los comentarios de Facebook. 

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Fuentes: vtmirror

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